Viernes Santo o el día en que miramos al crucificado
Hoy es Viernes Santo. El momento más terrible de la pasión de Jesús es cuando exclama, en el más extremo sufrimiento: “¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?” Hoy siguen resonando en nuestros oídos el eco redoblado, de este grito. Desde los barrios llenos de miseria, desde las guerras, desde los países donde mueren de hambre seres sin esperanza, se oye decir: ¿Dónde estás, Dios? Por eso hay que preguntarse si se puede rezar honradamente antes de haber hecho nada para enjugar las lágrimas de los que sufren; porque Jesús participó realmente de la angustia de los condenados, porque no es ninguna casualidad que la fe en Dios provenga de un crucificado y que el ateísmo tenga su padre en Epicuro, en el mundo de los espectadores saciados.



