Paciencia y belleza
Estamos celebrando de lleno la primera semana de Pascua, la semana que prolonga la alegría del domingo de resurrección. La belleza, en muchas ocasiones, está íntimamente unida a la paciencia. De eso hemos hablado en el programa de hoy.
FRAGMENTO DEL PROGRAMA EMITIDO:
“Con la llegada de esta primavera adelantada que hemos vivido en Andalucía el patio de la parroquia está precioso. Especialmente los naranjos se han puesto bellísimos y exhalan un perfume a azahar que envuelve los sentidos. Hace unos días estaba echando algo de tierra para adecentar el jardín o el patio, como quieran llamarlo, me gusta más la palabra patio, me parece más andaluz y cada azada era impulsada por un golpe de azahar.
Cada tomar aire, cada respiración, iba acompañada de un oler a azahar que daba vida. Recordaba hace ahora tres años cuando se plantaron los naranjos tan pequeñitos, tan raquíticos y ahora tan bellos. Y mirando alrededor veía como con la madreselva había ocurrido igual, antes apenas visibles, perdidas en el muro, ahora frondosas y bellas. Y con la dama de noche que ya echa sus brotes abundantes igual. Y con el jazmín. Y con los rosales y con el manzano en flor que está precioso. Y así podría estar enumerando durante el tiempo que dura el programa cómo ha ido todo poco a poco, creciendo, pacientemente. Y qué belleza tiene.
FRAGMENTO DEL PROGRAMA EMITIDO:
“Con la llegada de esta primavera adelantada que hemos vivido en Andalucía el patio de la parroquia está precioso. Especialmente los naranjos se han puesto bellísimos y exhalan un perfume a azahar que envuelve los sentidos. Hace unos días estaba echando algo de tierra para adecentar el jardín o el patio, como quieran llamarlo, me gusta más la palabra patio, me parece más andaluz y cada azada era impulsada por un golpe de azahar.
Cada tomar aire, cada respiración, iba acompañada de un oler a azahar que daba vida. Recordaba hace ahora tres años cuando se plantaron los naranjos tan pequeñitos, tan raquíticos y ahora tan bellos. Y mirando alrededor veía como con la madreselva había ocurrido igual, antes apenas visibles, perdidas en el muro, ahora frondosas y bellas. Y con la dama de noche que ya echa sus brotes abundantes igual. Y con el jazmín. Y con los rosales y con el manzano en flor que está precioso. Y así podría estar enumerando durante el tiempo que dura el programa cómo ha ido todo poco a poco, creciendo, pacientemente. Y qué belleza tiene.
Recuerdo ahora uno que la temporada pasada echó dos aceitunas. Pero con qué mimo las descubrimos. Y esa es la vida. La paciencia a la hora de hacer las cosas y de hacerlas bien: remover la tierra, cuidar el riego con agua no potable, echarle abono, el esperar a que vaya creciendo poco a poco todo hace que las calas, los pacíficos, el almendro, los geranios, las gitanillas, la yedra o el romero y lavanda vayan creciendo poco a poco de forma bella. Como la vida misma.
Qué importante es cuidar lo que hacemos teniendo un rumbo, una recta intención. Qué necesario es tener paciencia aunque a veces veamos que las cosas van despacio, crecen despacio. Qué bueno es saber que toda la belleza que tiene el mundo, también nuestra obra, es reflejo del amor de Dios, es, en último término obra del creador. A veces queremos las cosas ya y nos equivocamos al imprimir un ritmo trepidante a la vida. Así nos va. En otras ocasiones abandonamos la causa por no ver los frutos a su tiempo, nos desanimamos y preferimos los resultados inmediatos. Todo exige su tiempo. Todo tiene su ritmo, todo va poco a poco. Las cosas bellas, las obras bellas, necesitan su tiempo para encajar en el paisaje multicolor de nuestra alma. Tanto a nivel de crecimiento interior como en lo que hacemos. Y eso es bueno saberlo.”





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2 comentarios
2. Ene, hace 5 años y 1 mes
Hoy he recibido este mensaje y me parece adecuado repetirlo teniendo en cuenta el blog de esta mañana:
“Amigos: ¡Cuánta maravilla y qué poco maravillado! La naturaleza nos fue regalada para regalar todos nuestros sentidos. Para alimento y disfrute.
Para defenderla, recrearla y recrearse.
Estas maravillas no las puede hacer así ni la suma de todas las
inteligencias de la humanidad-las
que ha habido y las que habrá-. Solo las puede hacer la Sabiduría de las sabidurías, el Artista de los artistas. El amor hecho vida y color. La sensibilidad más divina hecha arte. Dicen que hace millones de años que
estas maravillas fueron creadas…
Ni todos los pintores del mundo pintarían con colores tan naturales -¡y eso teniendo la muestra!- la gama de colores que la naturaleza luce en un
kilómetro cuadrado (en verano, otoño, invierno y primavera) a plena luz, en los amaneceres y en el crepúsculo…
Si dedico mi tiempo a pensar o discutir si hay un Dios creador, me pierdo el mensaje total y el placer de tanto color. Y si me dedico a pensar y disfrutar de la inmensa riqueza de colores, me encuentro con Dios y lo
experimento como único creador, al que los demás apenas imitamos. Y lo “siento” como amor que crea para la familia. La naturaleza es nuestra madre, nuestro hogar, nuestra herencia, nuestra empresa familiar. ¿Quiénes confiesan maltratar la naturaleza, no mimarla, no saborearla, no
cultivarla…?
¿No hay parecido entre primavera, pascua y nuestro espíritu de ahora?
Alfonso Francia”
1. Anonymous, hace 5 años y 1 mes
tiene toda la razon del mundo,paciencia mucha paciencia,y no querer acelerar las cosas,nada de lo que pasa es porque si, y todo necesita su maduracion,y su etapa de crecimiento,y aunque aparentemente no se vea nada,ahí en las raices,en ese suelo abonado se va racojendo todo lo necesario para que esa planta ,para que el espiritu coja energia y fuerza,
esta mañana me ha dado mucha energia el comentario,que el señor le bendiga