Archivos del día 2 marzo 2008

Domingo, 2 de marzo de 2008.

La vela

¿Ha pensado lo importante que es aportar cosas, dar luz a nuestro alrededor aunque cueste y la cabra tire al monte? De eso hemos hablado en esta mañana.

FRAGMENTO DEL PROGRAMA EMITIDO:

“Érase una vez una pequeña vela que vivió feliz su infancia, hasta que cierto día le entró curiosidad en saber para qué servía ese hilo finito que sobresalía de su cabeza. Una vela vieja le dijo que ese era su “cabo” y que servía para ser “encendida”. Ser “encendida” ¿qué significaría eso? La vela vieja también le dijo que era mejor que nunca lo supiese, porque era algo muy doloroso.

Nuestra pequeña vela, aunque no entendía de qué se trataba, y aún cuando le habían advertido que era algo doloroso, comenzó a soñar con ser encendida. Pronto, este sueño se convirtió en una obsesión. Hasta que por fin un día, fue encendida. Y nuestra vela se sintió feliz por haber recibido la luz que vence a las tinieblas y da seguridad en la oscuridad. Muy pronto se dio cuenta de que haber recibido la luz constituía no solo una alegría, sino también una fuerte exigencia. Sí. Tomó conciencia de que para que la luz durara en ella, tenía que alimentarla desde el interior, a través de un diario derretirse, de un permanente consumirse. Entonces su alegría cobró una dimensión más profunda, pues entendió que su misión era consumirse al servicio de la luz y aceptó con fuerte conciencia su nueva vocación.

A veces pensaba que hubiera sido más cómodo no haber recibido la luz, pues en vez de un diario derretirse, su vida hubiera sido un “estar ahí”, tranquilamente. Hasta tuvo la tentación de no alimentar más la llama, de dejar morir la luz para no sentirse tan molesta. También se dio cuenta de que en el mundo existen muchas corrientes de aire que como te descuides apagan la luz. Y además su luz le permitió mirar más fácilmente a su alrededor y se dio cuenta de que existían muchas velas apagadas. Unas porque nunca habían tenido la oportunidad de recibir la luz. Otras, por miedo a derretirse. Las demás, porque no pudieron defenderse de algunas corrientes de aire. Y se preguntó muy preocupada: ¿Podré yo encender otras velas? Y, pensando, descubrió también su vocación de de dar luz. Entonces se dedicó a encender velas, de todas las características, tamaños y edades, para que hubiera mucha luz en el mundo. Cada día crecía su alegría encontraba velas por todas partes.

Cuando presentía que se acercaba el final, porque se había consumido totalmente al servicio de la luz, con una profunda satisfacción dijo: “He sido feliz”.

En fin, un bonito relato que nos acerca a la necesidad de dar luz a los demás y de descubrir que en ese dar luz estamos haciendo un mundo más de Dios.”



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