Archivos del día 8 enero 2008

Martes, 8 de enero de 2008.

El valor del tiempo

En el programa de hoy hemos reflexionado sobre el tiempo. Nada más y nada menos.

FRAGMENTO DEL PROGRAMA EMITIDO:

En nuestra sociedad apenas tenemos tiempo, y paradójicamente los días siguen teniendo 24 horas como antes, cuando parecía que daba tiempo a más. Al llenar las horas, los días de tantas cosas parece que ahogamos cada jornada. Y eso genera, de sobra lo saben, sensación de frustración y estrés. Sin embargo, lo más importante no está tanto, que lo es, sin duda, que llenemos el día de cosas hasta el punto de agobiarnos, sino que perdemos la noción del tiempo: todo lo queremos pronto, todo lo queremos ya y todo creemos que debe curarse al instante. Y nada más lejos. Ni una muerte, ni un desengaño amoroso, ni un proceso espiritual se soluciona de la noche a la mañana. Por eso es muy sano ver en este tiempo de poda de rosales o jazmines, cómo todo necesita su tiempo, cómo todo demanda espacio y minutos.

Sin duda el tiempo es un valor, es algo que es importante tener en cuenta y especialmente cuando hablamos de Dios o de las relaciones humanas. Porque en lo referente a las relaciones personales el tiempo nos ayuda a curar heridas, a salvar momentos, a enfocar las cosas de otra manera, a esperar que aparezca otra persona o simplemente a amortiguar el impacto que una crisis de la índole que sea nos produce.

Y con Dios pasa tres cuartas lo mismo: dice el Papa que la humanidad espera a Dios. Pero cuando llega el momento, no tiene sitio para él. Está tan ocupada consigo misma de forma tan exigente que necesita todo el espacio y todo el tiempo para sus cosas y ya no queda nada para el otro, para el prójimo, para el pobre, para Dios. Esto se da con frecuencia, Dios queda desplazado, igual que la gente que nos rodean, hasta los propios hijos o pareja, porque no hay tiempo. Un amigo me dice con cierta resignación: Rafa, si no tengo tiempo para mis hijos, cómo voy a tener tiempo para Dios.

Es triste pero es así. Quizá también porque piensa que a Dios sólo se le encuentra en Misa cosa que es falsa, aunque la Eucaristía, todo hay que decirlo, supone un encuentro privilegiado, porque el la cima y la cumbre de la vida cristiana. Sin embargo, es bueno, al comienzo prácticamente del año de la mano del puñado de propósitos que nos hagamos que pensemos cómo podemos incorporar a Dios en medio de nuestras horas, aunque no podamos ir a Misa: quizá sea sólo dándole las gracias al comienzo de la jornada. Algo es algo. Se trata de meter un momento, unos minutos, de espiritualidad en nuestra jornada. Además estoy convencido que nos ayudará a encontrarnos mejor con nosotros mismos.



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