Educación en la fe

FRAGMENTO DEL PROGRAMA EMITIDO HOY JUEVES
Es muy importante pasar rato con los hijos, con los nietos, con los sobrinos. Y contarles cosas, jugar con ellos y educarlos, si somos creyentes, en la fe.
Anoche, después de hacer deporte, fui a casa de mis padres. Mi sobrino dormía esa noche allí. Estuvimos jugamos un rato y después de cenar le propuse contarle un cuento antes de dormirse. Sonrió con mirada cómplice y me dijo que sí. Se acostó y me dieron mis padres un libro de cuentos que había dejado mi hermana para leerle antes de acostarse, pero le propuse que si cambiábamos el libro por la imaginación y me dijo que sí, que era mejor. Así que empecé a pensar qué cuento podíamos inventarnos en esa noche de junio.
De pronto mi padre me dijo que antes de dormirse había que rezar y el niño dijo que no, que hoy no quería rezar. Entonces, le propuse una alternativa contarle un cuento en el que Jesús enseña a rezar a sus amigos. Le propuse si le parecía bien que se lo contase y me dijo que sí. Así que empecé:
“Una vez, Jesús estaba jugando con sus amigos al atardecer junto al mar. Hacía una tarde muy bonita. El cielo estaba pintado de azul y rosa. Jesús y sus amigos estaban jugando a la pelota y disfrutaban pasándoselo bien y tirándose en la arena de la playa. Mientras, el mar suavecito y despacito bañaba con el agua la playa. Como la marea subía decidieron sentarse un rato a ver cómo iba poquito a poco el agua haciendo más chiquita la playa. Estaba Jesús con sus amigos que se llamaban Pedro, Santiago, Juan, Tomás, Judas, Mateo… entonces uno de ellos le dijo a Jesús que había visto que muchas mañanas y muchas noches se iba rezar y que si le podían enseñar a rezar. Entonces le dijo Jesús que sí. Y empezó a decirles cuando recéis podéis decir:
“Padre nuestro que están en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, que tu voluntad se haga en el cielo y en la tierra, hoy danos el pan que necesitamos, perdona lo que hacemos mal como también perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación de hacer lo que no te gusta y líbranos de todo lo malo.” Cuando terminó Jesús de contarles cómo podían rezar, Juan le pidió que lo repitiese que iba a coger un bolígrafo para apuntarlo, y de nuevo empezó Jesús a contarlo: “Padre nuestro…” De pronto, Andrés que había estado con su mamá, llegó y al ver lo bonita que era la oración también le pidió a Jesús que la repitiese. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Les traigo esta anécdota a estas Palabras para la vida porque creo que hay dos temas que son buenos tener siempre en cuenta: la atención prioritaria a los más pequeños de la casa, el contarle cuentos, el hablar con ellos, el jugar y, por supuesto, el transmitirles la fe, educarlos en la fe adaptándonos a su entendimiento.



