Martes, 30 de enero de 2007.

El silencio, la puerta para rezar














En el programa de hoy donde nos acercamos al silencio como puerta privilegiada para orar.

“He aprendido a callarme cuando me quedo solo”, escribe el poeta. Me gusta la idea. Vamos tan deprisa y sin apenas tiempo de sosegarnos que es bueno descansar, parar y callar. Echar el freno al cabo del día y una vez echado, cuando los niños ya duermen, cuando estás con la cabeza recostada en el hombro de tu pareja, cuando te balanceas en el sillón o simplemente cuando estás en la cama con los ojos medio entornados es bueno que saboreemos la capacidad de silencio que todos tenemos.

Hay quien tiene miedo al silencio, hay quien tiene miedo a dejar de pensar y hacer por unos momentos. Y es necesario. Es necesario porque el silencio favorece la creatividad y también la relación con Dios. Si nuestra cabeza, nuestro corazón está lleno a rebosar es realmente muy complicado que podamos establecer una relación calmada y sosegada con el Dios que está en la brisa suave. Necesitamos silencio para poder escuchar a Dios que nos cuenta muchas cosas de forma privilegiada cuando callamos.

Por eso les recomiendo que si ven una Iglesia abierta entren a escuchar el silencio, a rezar. Dios respeta escrupulosamente la libertad pero desea ardientemente que le acojamos, que le demos cabida en nuestra vida, el silencio es la puerta. En este sentido es bueno recordar y saber que la oración no es algo complicado sino se trata de algo tan simple como dejarse amar por Jesucristo, como cuando la pareja está abrazada en el lecho, pero tiene que estar, si no es más complicado.

En la oración es bueno presentarnos tal y como somos, con nuestras alegrías, ilusiones, penas, preocupaciones y deseos. Digamos que rezar es quitarse la máscara y arrojarse en las manos de Dios cada uno a su manera porque hay muchas formas de orar. Aunque les recomiendo que lo mejor es rezar delante del Sagrario y saborear la Palabra de Dios: allí se encontrarán con el mismo Jesucristo. Y otra cosa, al modo de quien está enamorado, nunca nos cansemos de repetir el nombre de la persona amada; el nombre de Jesús. De esta forma Jesús pasará a ser de ser algo a ser alguien, una persona, que nos quiere, que se preocupa por nosotros, que está pendiente de lo que nos pasa.

Se trata de sentirse amado por el Dios de la vida, y como decía Juan Clímaco, “al orar todo vale, todo dependerá del amor con que lo hagas. La oración más bella nunca se aprende de otro. Dios da el regalo de la oración a quien se pone a orar.” Más claro el agua. Para ello es bueno encontrar momentos de silencio que nos sirvan de disparadero en esta relación que estamos llamados a cuidar.



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1 comentario

1. Ene, hace 6 años y 3 meses

Es cierto. Y además, necesario.
Sshhhh!

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