El respeto, carta de ciudadanía
En el programa de hoy abordamos la actitud del respeto.
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Son tantos los ámbitos de nuestras horas en los que el respeto es necesario: desde el respeto a la vida engendrada, pasando por respeto al anciano, a la infancia, a la mujer o el respeto al deficiente. En una sociedad rápida como es la occidental la tendencia al egoísmo y al pisoteo en materia de ideas o personal puede brotar cuando menos nos esperemos, por eso es fundamental valorar esa virtud. Es una carta de ciudadanía.
Y cuidado, también en la Iglesia; es importante evitar, permítanme la expresión, ir dando cristazos por ahí, como si sólo la Iglesia católica tuviese el patrimonio exclusivo de todos los puntos de vista. Basta acercarse al Concilio Vaticano II para ver cómo la Iglesia respeta profundamente la libertad religiosa y respeta profundamente la conciencia del hombre: es desde esta clave desde donde debemos relacionarnos con nuestros compañeros de viaje. El respeto a la persona, a las ideas, a los comportamientos, el respeto a la ideología y a los planteamientos es importantísimo.
Son tantos los flecos que quedan por atar en esta aventura bellísima de la relación humana y la búsqueda de la verdad que sorprende ver con qué facilidad Jesucristo respetaba profundamente la libertad del individuo: al joven rico que se marchó porque tenía mucho dinero y prefirió quedárselo, la chica adúltera que tenía una movidita vida sentimental de aupa o a los leprosos que se marcharon sin darle las gracias cuando los curó.
Es importante tener criterio en la vida, pero también es muy importante saber dialogar desde ese criterio, desde el respeto más exquisito a las diferentes ópticas, para eso es fundamental tener las ideas claras, también en materia religiosa; sólo desde una buena formación pueden hablar sin miedos la fe y la cultura.




