Verdades y mentiras del palacio de Linares

Palacio de Linares
¿En el Palacio de Linares hay fantasmas?. En mayo de 1990, Televisión Española daba a conocer unas estremecedoras psicofonías captadas en el Palacio de Linares de Madrid por una desconocida doctora llamada Carmen Sánchez de Castro. En ellas podía apreciarse nítidamente la voz quejumbrosa de una niña que decía: “Mamá, mamá… Yo no tengo mamá”. Una mujer se lamentaba: “Mi hija Raimunda… Nunca oí decir mamá”. Otra psicofonía recogía una voz masculina que exclamaba: “¡Fuera… no, aquí no!”. Desde entonces, el Palacio de Linares se convirtió en el blanco de especulaciones sobre una supuesta tragedia familiar ocurrida en el seno de la familia Linares. El hecho de que la Policía desenmascarara a la supuesta doctora y psicóloga – una delincuente sobre la que pendía una orden de búsqueda y captura desde hacía diez años – no frenó la avalancha de parapsicólogos, investigadores y curiosos que invadieron el edificio en busca de la respuesta al misterio. ¿Fueron los marqueses de Linares hermanos? ¿Asesinaron y emparedaron a su propia hija en el palacio familiar? existe una Leyenda del famoso “Palacio de Linares”, que relata sobre la existencia de un fantasma que habita la construcción: “Raimunda”… Era una joven, fruto de una relación extramarital del Marques de Linares, con una de sus empleadas la cual murió de trágicamente. Esta leyenda ha captado la atención de una gran cantidad de investigadores, que acuden a la Plaza de las Cibeles, en Madrid, que es donde se encuentra el Palacio, hoy convertido en la “Casa de América”.En 1990, un investigador logro captar una psicofonía por demás escalofriante… La voz de una mujer o niña que dice…“Mama, Mama, no tengo Mama”.

Escalera principal
Un par de años después y en otra investigación realizada por otro investigador, en la mismísima mansión del “Palacio de Linares”, se logro captar esta espeluznante psicofonía…“Mi hija Raimunda… nunca, nunca oí decir Mama”. Según cuenta la leyenda, el marqués José de Murga y Reolid Michelena y Gómez, nacido en Madrid, el 13 de febrero de 1833, se había casado sin saberlo con su propia hermana, Raimunda Osorio y Ortega. Raimunda era hija de una cigarrera hacia la que había sentido una especial atracción el padre del Marqués, un riquísimo financiero de la época que amasó una inmensa fortuna en Cuba.
El padre del Marqués, un hombre de talante liberal, había inculcado a su hijo, un sentido práctico de la vida. Al parecer, el rechazo que el acaudalado industrial, Mateo de Murga Michelena, sentía por las bodas de conveniencia, tantas veces celebradas para mantener y engrandecer, las grandes fortunas de la época, propició que el joven José de Murga, conociera a la que sería su esposa, en un ambiente poco cercano, a los más propios de su condición social. Así fue como el que fuera primer Marqués de Linares, entablaría relaciones con Raimunda, la hija de una cigarrera que trabajaba en la fábrica de Tabacos de Madrid.
Cuando el padre del protagonista de esta turbulenta historia, supo de las relaciones sentimentales que su hijo mantenía, con la mujer que era fruto de los tempetuosos amores que mantuvo hacia 1830 con la cigarrera, envió repentinamente a su heredero a estudiar a Londres, con el propósito de que el joven Murga, olvidara aquel amor que sin saberlo, se encarnaba en la persona de su propia hermana.

Salón del palacio
Al cabo de un tiempo, José de Murga regresó de Londres y llevó a cabo su firme propósito de contraer matrimonio con su enamorada Raimunda. Ya había fallecido su padre y el matrimonio se celebró, sin que los cónyuges supieran su relación de parentesco. Se dice que José de Murga, además de noble, senador del Reino por la provincia de Segovia y poseedor de una inmensa fortuna heredada de su padre y hermanos, encontró una carta que su padre en vida, no llegó a enviarle, en la que relataba la incestuosa relación de consanguinidad con su esposa. Pero ya era tarde, anteriormente, y fruto del amor que se profesaban, concibieron una niña, a la que la ilustre familia decidió apartar de su entorno para salvaguardar el buen nombre de la casa. Entonces, la madre de la pequeña, Raimunda Osorio, aceptaría llena de amargura, que su propia hija fuera llevada a un hospicio de Madrid y le puso el nombre supuesto de María Rosales. En el testamento José de Murga y su esposa, declararon no tener hijos ni probabilidad de tenerlos, en lo sucesivo fallecen.
En mayo de 1990, diferentes medios informativos, difundían por todo el país, las presuntas psicofonías que afirmaba haber conseguido registrar en el edificio, Carmen Sánchez de Castro, quien se presentaba como doctora, psicóloga o psiquiatra. Estas fueron algunas de las psicofonías que obtuvo:”Mamá, mamá!…¡Nunca oí decir mamá!”. “¡Yo también estoy aquí!”. “Mi hija Raimunda, nunca oyó decir mamá”. “¡Asesinos, asesinos!”. “Estamos aquí para la eternidad”.

Luis Baras
Pilar Muriel