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Luis García Montero

Por Luis García Montero. Lunes, 15 de Marzo de 2010.

La lección de los mayores

Mi hija Elisa entra en el despacho al oír por tercera vez la versión de “Los cuatro muleros” cantada por la Argentinita. A veces yo hago bromas por la insistencia monótona de sus discos de rap, así que aprovecha la ocasión de devolverme la jugada y se pone a bailar en medio de la habitación con movimientos ridículos y exagerados. Le digo que parece una señorita de la antigua Sección Femenina. Me pregunta muy extrañada qué era eso. Como estoy trabajando y la explicación es larga, prefiero dejar la respuesta para otro momento. Pero ella me exige que por lo menos le diga por qué oigo tantas veces esa canción tan vieja.
- Mañana cumpliría Francisco Ayala 104 años. La Biblioteca Nacional, como está todavía muy cerca su muerte, organiza un homenaje, un recuerdo, y nos ha encargado a Miguel y a mí que coordinemos el acto. Vamos a escoger algunas canciones que hablen de la vida de Francisco, de su paso por las ciudades y por la historia del siglo XX, y Juan Diego leerá fragmentos de sus libros que tengan que ver con esas canciones. Empezaremos con “Los cuatro muleros”, una canción granadina que versionó García Lorca para que la cantara la Argentinita.
Elisa me ha visto muchas tardes salir de casa para charlar y tomarme un whisky con Francisco Ayala. También me ha acompañado en algunas ocasiones, y guarda entre sus tesoros una carta personal que le escribió Francisco hablando sobre las sensaciones de un hombre muy viejo cuando es besado por una niña. Elisa sintió la muerte de Francisco, la sintió por él, pero también por ella y por su padre, ya que poco a poco va entendiendo el significado íntimo de la existencia, la rueda de la vida que nos condena a desaparecer. Me confesó que la muerte de Francisco le había hecho pensar que yo también iba a morirme un día.
- ¿Qué es lo que has aprendido de Ayala?, ¿cuál ha sido su mejor lección? –interrumpe Elisa mis pensamientos con dos preguntas que no puedo dejar de contestarle.
¿Pero cómo? Ella me ha oído decir muchas veces que Francisco Ayala ha sido un maestro en la literatura, que su defensa ética de la libertad y de la dignidad humana en las situaciones más difíciles ha marcado su obra y su comportamiento en la vida. Pero mientras se acaban “Los cuatro muleros” y empieza “La Corte del Faraón”, no puedo darle una clase de literatura o de filosofía, porque no es eso lo que me está pidiendo.
- Verás, Elisa, tú sabes que a mí me gusta mucho sentarme a hablar con las personas mayores. Cuando era un muchacho, tuve la suerte de conocer a Rafael Alberti. Luego me hice amigo de Francisco.
- ¿Y te hablaba del pasado?
- Sí, la verdad es que era uno lujo hablar con alguien que había vivido por dentro la historia del siglo. A mí me impresionaba que hubiese estado en el estreno de Mariana Pineda, la obra de García Lorca, o que discutiese de política con Manuel Azaña o con Juan Negrín. ¿Pero sabes, Elisa, lo que de verdad me han enseñado mis viejos?
- ¿Qué?
- A tomarme en serio a los jóvenes. Porque ellos me tomaban en serio a mí y procuraban también comprender la mirada de un joven. Eso es lo que se aprende cuando alguien muy mayor comparte su whisky, sus recuerdos y sus preocupaciones contigo. Me parecen tan peligrosos los jóvenes que no respetan la historia como los viejos cascarrabias que no se interesan por los jóvenes.
- Es una lección que me conviene.
- ¡Y tanto! Te conviene aprenderla, y te conviene que la aprendan los demás.




Por Luis García Montero. Lunes, 8 de Marzo de 2010.

La costumbre de mentir

A mi hija Elisa le sorprende el baile de cifras que sigue a las manifestaciones. Los convocantes no suelen andarse con mucha prudencia a la hora de cuantificar el paisaje de la participación, ese horizonte de cabezas y banderas que se alarga en las calles y rodea las fuentes de las plazas. Se trata de una costumbre lógica, porque a todo el mundo le gusta salir bien en las fotografías, pero llega a extremos ridículos en demasiadas ocasiones.

La derecha española, poca acostumbrada durante los años de la dictadura a manifestarse, descubrió con la democracia el derecho a la protesta, y le ha tomado tanto gusto a las concentraciones públicas que ofrece un ejemplo de generosidad y derroche cuando hace números. La televisión autonómica de Esperanza Aguirre supone un gran aliento para todos los que luchamos contra la despolitización y la pérdida de crédito de las causas públicas. Cada vez que la derecha social convoca una manifestación, los ciudadanos salen de forma masiva a la calle.

Las manifestaciones de este fin de semana contra la ley de interrupción voluntaria del embarazo han supuesto más bien un fracaso. La rotundidad de los gritos, llamando asesinos y comunistas totalitarios a todos los que apoyan la ley, se ha visto acompañada por un seguimiento poco apasionado. Las mediciones de las fotos aéreas de Madrid dan un cálculo bastante exacto de 9.726 manifestantes. Dispuestos a interpretar la realidad de acuerdo con sus deseos, los organizadores fijaron la asistencia en 600.000 personas.

- ¿Pero cómo se puede mentir tanto?, me pregunta Elisa.

- Todos mentimos, y tú la primera, para qué vamos a mentirnos. A veces no es muy importante, y mentimos para salir del paso, para esconder que no se han hecho los deberes, para llegar un poco más tarde a casa. Otras veces mentimos incluso por educación, para hacer posible la convivencia…

- Eso, siempre que me pillas en una mentira es porque quiero convivir.

- No siempre, no seas fullera. Pero te agradezco, por ejemplo, que no me recuerdes constantemente lo viejo que estoy, o lo gordo que me voy poniendo, o que todo lo que digo es una tontería. El problema no es echar de vez en cuando una mentirijilla o buscar una excusa para no quedar mal con alguien. El problema es instalarse en la mentira, caer en la negación de la realidad como forma de vida.

- Si van 9.000 personas a una manifestación, no se puede decir que han ido 600.000.

- Fíjate que eso puede ser incluso una mentirijilla sin importancia. Instalarse en la mentira es una cosa más grave. La gente que no quiere que se legisle la interrupción del embarazo opina casi siempre negando la realidad, como si el aborto no fuese un problema real con ley o sin ley. Instalarse en la mentira es, por ejemplo, hacer que tu hija aborte en secreto si se queda embarazada, y luego poner el grito en el cielo porque exista una ley para regular el aborto. La hipocresía ha sido una característica muy común en las sociedades conservadoras.

- Sí, una cosa es mentir un poco, y otra ser una cínica. Ya entiendo, no es lo mismo no hacer los deberes un día y no contarlo, que dejar de ir al colegio por costumbre.

- Cuando las versiones oficiales se alejan de la realidad nos instalamos en la mentira. No es que mintamos, es que nosotros mismos empezamos a ser una mentira, nos quedamos huecos por dentro. Los políticos deben gobernar sobre la España real, no sobre la España oficial que cada uno quiera tener en su cabeza. Cuando fue elegida ministra Bibiana Aído, la prensa conservadora empezó a hacer chistes sobre ella, a reírse en tono machista. Quiso crear una versión oficial ridícula de su Ministerio. En vez de entrar en el juego, ella ha preparado una buena ley para responder a las necesidades de la España real. Eso significa trabajar a largo plazo y dejarse de simulacros.

- Pero dice el PP que cuando gobiernen van ha quitar la ley.

- Ya verás como no la quita. La derecha dijo lo mismo sobre el divorcio. Aunque les gustaría vivir la mentira de la anulación matrimonial de la Iglesia, hoy la sociedad real no soportaría semejante disparate. El divorcio es una realidad hasta para la derecha, y ya sabes por quien lo digo…




Por Luis García Montero. Lunes, 1 de Marzo de 2010.

El sentido de la fiesta

Ayer fue un domingo doble. El día de Andalucía cayó en domingo y el calendario se vistió de fiesta dos veces. Tenemos que disfrutar de todo por partida doble, me sugirió mi hija Elisa con una complicidad divertida. A veces jugamos a hacer del tiempo una materia propia y disparatada. Yo le propongo vivir un viernes con ojos de lunes o programar un fin de semana de invierno como si estuviésemos en verano. La literatura enseña a quejarse del frío cuando aprieta el calor o a ver lleno de soles el mapa del tiempo cuando tenemos el corazón empapado de una lluvia disparatada y terca.

Por eso Elisa me propuso vivir un día de doble fiesta: dos besos, dos paseos, dos visitas a casa de los abuelos, dos películas. A mí me pareció bien jugar. Empeñarse en negar la realidad es casi siempre una tarea de lunáticos, una soberbia de gente ensimismada que vive dentro de un dogma y niega la presencia de los demás. Pero el juego sirve para avisarnos de que la realidad no está escrita por encima de nosotros, no es una verdad natural, sino una decisión, un acuerdo del que somos responsables. Es bueno saber que las cosas son así, pero también es necesario recordar que las cosas pueden ser de otra manera. Podríamos descansar los lunes y trabajar los domingos o viajar en busca de la lluvia y los paisajes melancólicos en vez de perseguir las playas sobrecargadas de agosto.

- Para mí –le dije- el día 28 de febrero tiene un significado especial…

- Te veo muy andaluz últimamente -me contestó con ironía-. Te metes con los nacionalismos, pero después estás siempre hablando de Andalucía.

- No tiene nada que ver. Se puede querer a una tierra, sin convertirla en el sentido único de la argumentación política. Mira, a mí me gusta el 28 de febrero porque lo he visto crecer, crecer como tú. Cuando yo era niño no existía. Para mí no es una verdad natural, la verdad de la tierra puesta por encima de nosotros, sino una decisión, tan artificial como cualquier otra. Por eso soy poco partidario de las verdades naturales de los pueblos, y me gusta más hablar de la gente y de su capacidad de construir un Estado.

- Ay, ya me acuerdo, creo que lo hemos hablado alguna vez.

- Durante el franquismo no había comunidades autónomas. Al inicio de la democracia se quiso reconocer la existencia de realidades nacionales diferentes dentro del Estado, reconocer la importancia de los hechos y las tradiciones históricas. Andalucía salió a la calle, pidió la plenitud autonómica. ¿Te he contado alguna vez que en Granada hubo una manifestación de cien mil personas?

- Pero es mentira.

- Pues yo lo vi, estuve allí, fue un 4 de diciembre. Además, con las cifras también se juega. Después se hizo un referéndum el 28 de febrero de 1980. Y se quedó ese día como fiesta. El tiempo carga de sentido a las cosas, provoca los recuerdos y las melancolías que le hacen falta a la realidad para que se sienta importante. Y uno de mis mejores recuerdos es ver cómo se pone en marcha una fiesta, cómo depende de la decisión de los políticos y los ciudadanos, y no de un mandato divino o de una ley natural. La realidad será lo que nosotros queramos que sea. Y fíjate que la libertad es casi siempre una invitación a una soledad terrible. Comprender que nada está escrito, que nada es un dogma, nos deja sin verdades estables, a solas con nuestra propia conciencia. Pero tomarse la libertad de fijar el día de una fiesta, nos llena la soledad de gente y de bandas de música, y no para ir a la guerra, sino para divertirse en común.

- Pues nada, fiesta doble, me voy a tomar dos postres.

Y eso hicimos Elisa y yo. Dos paseos, dos visitas a los abuelos, dos postres, dos película, en un sólo día verdadero.




Por Luis García Montero. Lunes, 22 de Febrero de 2010.

Con el agua al cuello

Vemos en el televisor a un hombre, muerto de frío, sentado en su coche. Tiene cara de desesperación. Ha pasado mala semana, malos días y mala noche. Amaneció hace un par de horas, pero todavía no ha desayunado, en espera a que vengan a relevarlo de la guardia. Su coche se ha convertido en una garita rodeada de agua, desolación e intemperie.

Le cuenta su historia a la periodista que se acerca. Es la segunda vez que se le inunda la casa. Apenas había conseguido adecentar los daños de la última riada, cuando la maldición volvió a entrar en su bodega, su salón de estar, su dormitorio. No cree que pueda salvar esta vez ningún electrodoméstico, quizá algunos muebles.

Hace guardia frente a su casa inundada porque no quiere que, aprovechando el desaguisado, entren los ladrones a llevarse lo poco que le queda. A algunos vecinos les han arrancado hasta las tuberías para venderlas por chatarra.

- ¡Qué extraño! –digo a mi hija Elisa-. En verano, cuando pasamos con el coche por los campos de Jerez, vemos todo tan tranquilo, tan civilizado. Resulta raro ver que los paisajes pueden cambiar tanto.

- A mí lo que me sorprende es que los hombres puedan hacer tanto daño como la naturaleza más loca. Si no hay huracanes, inundaciones, tormentas, nevadas, catástrofes, provocamos una guerra, hacemos estallar bombas o un misil revienta una casa y mata a una familia.

- Así es…

- Y aunque se trate de un desastre natural, el ser humano tiene que decir la última palabra. Llegan los truenos, los rayos, las lluvias, las riadas, pero siempre queda la puntilla del ladrón. También después del terremoto de Haití hubo saqueos, y gente que intentaba hacer negocio con los huérfanos.

- Tienes razón, está bien que lo sepas. Siempre hay personas carnívoras explotando a otras personas. Cuando llega una patera con ojos aterrados que necesitan jugarse la vida para sobrevivir, por detrás hay mafias que tratan a los seres humanos como mercancías. Y no hace falta ser un mafioso. En situaciones difíciles, cuando surge una amenaza, hasta la gente más buena sale en estampida y pisotea al que haga falta. Una de la leyes más constantes de la historia es esa de sálvese quien pueda.

- El ser humano es la verdadera catástrofe –sentencia Elisa-.

- Sí, está bien que lo sepas. Pero nunca olvides otra cosa.

- ¿Qué?

- Que el ser humano es también el mejor ejemplo de dignidad. Estoy seguro que en las riadas de Jerez habrá muchos hombres y muchas mujeres que se han portado de manera generosa con sus vecinos. Conozco historias muy emocionantes de dignidad y solidaridad que se producen en situaciones tremendas, en la guerra, en los campos de concentración, en las catástrofes. Si quieres decir que el ser humano es una fiera, aclara enseguida que se trata de una fiera capaz de dar su vida por los demás.

- ¡Qué contradicciones!

- Pero es bueno saberlo también. El poeta Pablo Neruda escribió el Canto general, en homenaje a América, y habló mucho de sus ríos, de sus grandes montañas, de sus aves. Pero después escribió un poema para reconocer que, cuando la policía represora fue a buscarlo, no se salvó gracias a los ríos y a los árboles, sino a la ayuda de un ser humano, un compañero, que se jugó la vida por él.

- Dos caras de la misma especie: el represor y el compañero.

- Conviene saberlo, porque eso es lo que nos hace responsables de nuestros actos. Frente a la dificultad, podemos desvalijar a un vecino o podemos llevarle el desayuno para que no se muera de hambre. Con el agua al cuello, las personas normales pueden dar tantas sorpresas como los campos más civilizados.




Por Luis García Montero. Lunes, 15 de Febrero de 2010.

El día de los enamorados

Mi hija Elisa volvió ayer con una carta en la mano y una sonrisa en la boca. Había quedado en la plaza con sus amigos y fue un poco más arreglada que otros domingos para celebrar el día de los enamorados. Hago una broma, se enfada, le pregunto por el autor de la carta, y me dice que me meta en mis asuntos. Le digo que tiene razón, que yo le hubiese dicho lo mismo a mi padre. Y ella sentencia: ya ves, hay cosas que no cambian. Seguir leyendo »




Por Luis García Montero. Lunes, 8 de Febrero de 2010.

Los clavos y el martillo

Mi hija Elisa y yo hemos colgado en la pared de su dormitorio un cuadro que le ha regalado un pintor amigo. Como las metáforas surgen de la realidad, de las cosas que vemos y de las palabras que utilizamos, enseguida empezamos a utilizar el clavo y el martillo para charlar sobre la crisis y sobre las cosas que se cuelgan en la realidad. Seguir leyendo »




Por Luis García Montero. Lunes, 1 de Febrero de 2010.

La política y las palabrotas

Mi hija Elisa está muy divertida con ese hijo de puta que utilizó Esperanza Aguirre cuando hablaba con uno de sus consejeros sobre Caja Madrid y que salió a la luz pública por culpa de un micrófono indiscreto. Le comento que lo verdaderamente significativo no es el insulto, sino el hecho de que esté dirigido a un compañero político. Seguir leyendo »




Por Luis García Montero. Lunes, 25 de Enero de 2010.

Los menores y la ley

Acaban de sorprender robando un coche a El Rafita, el muchacho que siendo un adolescente, casi un niño, asesinó con tres amigos a Sandra Palo. Fue en el año 2003. Condenado a 4 años de internamiento en el Centro de Menores de Carabanchel, cumplió su condena y pasó a un centro de régimen abierto para cumplir otros tres años de libertad vigilada. El Rafita ha roto la vigilancia. Seguir leyendo »




Por Luis García Montero. Lunes, 18 de Enero de 2010.

Hablamos de raperos

Los hijos nos educan, nos ayudan a conservar viva la curiosidad, y eso es tan importante como aprender a no engañarse con la bisutería de las novedades. Escucho con mi hija Elisa una disco del rapero ZPU. La sesión de preguntas, comentarios, chistes y emociones de hoy es el resultado de una negociación intelectual mantenida durantes muchas semanas. Seguir leyendo »




Por Luis García Montero. Lunes, 11 de Enero de 2010.

La nieve y la política

Mi hija Elisa mira caer la nieve por la ventana. La verdad es que es todo un espectáculo, sobre todo en ciudades que no están acostumbradas a que el frío se paralice por unos segundos, el cielo se ponga blanco y empiecen a caer los copos con la lentitud de las cosas atadas. Seguir leyendo »




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