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José Antonio Gurriarán

Por José Antonio Gurriarán. Domingo, 25 de Julio de 2010.

La frontera rusa

Setenta años cerrada al mundo por razones ideológicas, políticas de bloques, presiones exteriores, guerras frías, muros o telones de acero han dejado en Rusia unos hábitos de aislamiento y desconfianzas con lo países occidentales, en mayor grado con sus antiguas repúblicas hoy independientes, que persisten veinte años después de la desmembración de la ex Unión Soviética.

 Tienen su imagen visual más negativa en las interminables colas y dificultades para cruzar sus fronteras terrestres. No hay más que asomarse a las páginas webs, para comprobar las desventuras y, en ocasiones, dramas de millares de turistas de toda Europa, en su mayor parte jóvenes, que accedieron o intentaron acceder a Rusia por los pasos fronterizos de Letonia y Estonia o por los, todavía más complicados, de Bielorusia y Ukrania, en los que el viajero paga las consecuencias de las malas relaciones de estos países con su antigua metrópoli.

 A excepción de la frontera finlandesa, por la que se entra y sale con más facilidad, cuando se viven estas situaciones en directo la realidad es bien dura. Desde largas horas o días de cola a espera de que nos llegue el turno, a la imposibilidad de entrar de algunos porque les faltaba uno de los muchos requisitos exigidos. O la caducidad del visado de otros, que se vieron obligados a renovar cuando iban a salir, por la demora en la espera de los trámites aduaneros.

 Hace cinco años conocí la, hasta entonces, aduana más lenta de mi vida. Está en la carretera que une Marijampole (Lituania) con Kaliningrado, una región rusa inconcebiblemente aislada de Rusia por cientos de kilómetros, gracias a los juegos malabares de la política internacional. Está rodeada por Lituania y Polonia, solo tiene salida libre al Báltico y allí nació Kant cuando la ciudad de Kaliningrado era alemana y se llamaba Koenisberg.

 El gobierno de Moscú trata de conseguir de Bruselas facilidades para el acceso a ella por carretera, por donde le llegan gran parte de los suministros que le son vitales. La solución no es fácil, como pude comprobar en mis tiempos de corresponsal en la Unión Europea: Lituania y, sobre todo, Polonia quieren devolver viejas afrentas de los tiempos de la Unión Soviética, con las que nada tienen que ver las actuales generaciones rusas.

 Aficionado al camping y a los largos viajes el año pasado inicié los trámites para visitar, con mi familia, San Petersburgo, el Lago Ladoga y la bellísima región de Karelia, al parecer los únicos lugares de Rusia en los que, por influencia del turismo de Finlandia y de otras naciones bálticas, existen algunos centros de campismo similares a los más avanzados de Europa, con actividades recreativas y culturales que estimulan el contacto de gentes de diferentes procedencias, salones comunes, restaurantes y cafeterías, cabañas y casitas de madera de alquiler típicas del área y hasta saunas.

 Las inagotables peticiones que me hicieron para darme los visados, en el Consulado de Rusia en Madrid y en las agencias de viajes que ellos me recomendaron –entre otros, la invitación de alguna persona física o empresa de este país, el baucher sellado de un hotel en el que ha de constar el pago de la estancia y los datos del vehículo, un seguro especial para todo tipo de riesgos-, unidas a la lentitud exagerada de los trámites, me aconsejaron olvidar el viaje.

 Este año me invitaron a presentar un libro en Moscú y San Petersburgo y los inevitables pasos burocráticos se simplificaron. Aún así no me libre de algún susto en la frontera de Varna-Ivangorod, la más oriental de Europa, entre Estonia y Rusia. Cuando la abordaba me telefonearon de San Petersburgo para informarme de que se estaban produciendo demoras de ¡hasta cinco y seis días…! y solo podría sortearlas si adquiría un talón “simplificador”, en un lugar de Varna que me indicaron. Me recomendaron argumentar que mi minusvalía me hacía difícil soportar la espera.

 Me fui allí, sortee colas kilométricas de camiones, entré en un gran parque en el que había aparcados más vehículos pesados y centenares de automóviles y el argumento fue válido: compré el talón, me condonaron la cola y con él me fui a la frontera. Me esperaba otra, más liviana, en parte formada por estonios de origen ruso –lo es más del 90 % de la población de Varna-, que tienen “pasaportes grises” especiales. Con ellos pasan la aduana, llenan el depósito de gasolina en Ivangorod y regresan de inmediato para venderla. Hacen un buen negocio: en Rusia el litro vale poco más de la mitad que en Estonia.

 Vi como revisaban, centímetro a centímetro, los autobuses repletos de turistas; como sus ocupantes tenían que salir al exterior con sus maletas y bultos; contemplé el espectáculo de perros policías que olfatean en busca de droga o explosivos y rellené cuantos formularios me entregaron. Mi paso por la aduana duró algo más de tres horas.

 Los guardias fronterizos fueron extremadamente educados en el cumplimiento de su deber, pero me recordaron a los que vigilaban el lado oriental del muro de Berlín, hace treinta años. Llegué a la conclusión de que, todavía hoy, existen muros de incomprensión entre el Este y el Oeste, que, confío, derriben futuras generaciones. La responsabilidad la comparten, por igual, Rusia y la Unión Europea, que firmaron protocolos fronterizos poco generosos y arcaicos. De todos modos, mereció la pena: estoy en San Petersburgo, una de las ciudades más bellas y cultas del mundo, la creación de Pedro el Grande.




Por José Antonio Gurriarán. Miércoles, 21 de Julio de 2010.

De USA al Lago Peipus

Sin pretenderlo, ni saberlo, Jimmy Morrison me ha hecho una nueva demostración de los poderes absolutos de la red de Internet, que descubre lo que había aparcado u olvidado la memoria y, con su ojo totalizador, penetra en los lugares más apartados del planeta. Después de veintiocho años sin saber el uno del otro, desde su casa de New Hampshire, Jimmy me ha localizado en un espeso bosque de cedros y abedules de orillas del Lago Peipus, que separa el norte de Estonia de Rusia.

 Mis hijas se esforzaban, inútilmente, en divisar la otra orilla del lago y alguna montaña o algún pueblo rusos. No lo lograron: el Peipus es, en dimensiones, el cuarto lago de Europa –su cuenca tiene 47.000 km2, su longitud sobrepasa los 300 kilómetros-, el viento le provoca oleajes que le asemejan a la mar y el deseo de las niñas podría compararse al de tratar de ver Argelia desde las placidas arenas de una playa de Almería…

 A mi me dio por abrir el ordenador y ver si, pese a la soledad del lugar, había línea de algún satélite que me conectara al mundo. La había. Me puse a repasar el correo y el facebook y encontré un mensaje de Jimmy Morrison, que se alegraba porque había encontrado mi nombre en las redes sociales. Me felicitaba efusivo por el triunfo de la selección española de fútbol en Sudáfrica, como si los pases y goles de los de Del Bosque fueran todos míos.

 Hace veintiocho años Jimmy era un adolescente, tímido y educado, que se vino a mi casa de Madrid con la intención de aprender español. Con iguales pretensiones de hacerse con el inglés se fue mi hijo José Antonio a su casa de New Hampshire. Jimmy recuerda ilusionado aquél verano y aquél Mundial de 1982, cuya final ganó por 3-1 Italia a la República Federal Alemana en el Estadio Santiago Bernabeu; posiblemente, también, las visita que hicimos a Toledo y otros lugares históricos para que se impregnara de España.

 Mi hijo se trajo de EEUU la imagen de una sociedad en competencia en la que los hijos de los ricos tenían que trabajar igual que los hijos de los pobres si querían ser algo en la ida. Y la de unos criaderos de sabrosísimas langostas que tenían los Morrison.

 Le conté a Jimmy nuestros éxitos en otros deportes, aparte del fútbol: en ciclismo Alberto Contador se deja la piel por las montañas de Francia, para tratar de ser el sustituto de Lance Armstrong; Rafa Nadal se encuentra cómodo en el trono que ocupó Federer; de Lorenzo en el de Rossi; Gasol obtuvo el segundo anillo de la NBA con los Lakers…En deportes vamos bien. La economía, sin embargo, tarda en recuperarse más de lo que quisiéramos.

 Nada escapa a la curiosidad de Internet. Después de que su ojo mágico me descubriera en el lago Peipus, no me atrevo a pronosticar su futuro. Conocí a un Jimmy adolescente y la red me lo presenta cuarentón y con varios hijos; mi hijo, su amigo, me ha hecho por tres veces abuelo. Para que luego digan que veinte años no son nada…




Por José Antonio Gurriarán. Lunes, 19 de Julio de 2010.

España, desde 4000 kilómetros

 Aunque nunca, hasta ahora, les proporcionó grandes réditos electorales, los populares catalanes insisten en enfrentar al gobierno tripartito de la Generalitat con la Constitución y con el resto del país; tres mujeres más han sido víctimas de la violencia de género y, nuevamente, los conservadores arremeten contra Bibiana Aído y repiten que no es necesario un ministerio para la igualdad; la silenciosa política de Moratinos con Cuba, sobre presos políticos, denostada por la derecha en los últimos años, parece estar dando frutos que son reconocidos por la Unión Europea y por ciertos sectores oficiosos de Estados Unidos.

 Coinciden las encuestas en que, por quinta vez consecutiva, Zapatero ganó el debate sobre el estado de la nación a Rajoy, según unas por tres y según otras por más de seis puntos de diferencia. ¿Tendrán que ver estas cifras con la negativa del primer partido de la oposición a participar en la lucha común contra el estancamiento de la economía y el consecuente desempleo? ¿Tendrá razón el presidente del gobierno, cuando asegura que su empeño es adelantar la salida de la crisis y el de Rajoy adelantar las elecciones generales?

 Lejos de los fortísimos calores estivales patrios, que contribuirán a enardecer la eterna polémica política, muchas de las noticias que llegan a cuatro mil kilómetros de España, por medio de los canales internacionales de la radiotelevisión e Internet, pierden aristas y casi todo se parece a una obra teatral aprendida, después de seis años de ensayos, en la que el acto final, inevitablemente, terminará con la contienda electoral.

 No es malo distanciarse de nuestros problemas y asomarse y ver a España desde la ventanilla del exterior. Estoy a orillas de un lago de Augustow, pequeña ciudad del norte de Polonia cercana a la fronteras de Lituania y Bielorusia, a donde llegué haciendo quiebros acuáticos del Bidasoa a la Vienne, del Loira al Sena, del Marne a un área lacustre de Hannover, de esta última a los lagos que rodean Berlín por Postdam, donde tenían sus lujosas residencias –Charlotenburgo, Belbedere, San Soucci- los reyes de Prusia y Albert Einstein una humilde torreta modernista, desde la que investigaba los astros y su teoría de la relatividad.

 Las noticias que llegan de España, a través de medios españoles, son, por lo general, negativas: crisis, corruptelas, crímenes, terrorismo, incendios forestales, anuncios de huelgas, colas interminables de tráfico, batallas políticas…Las que publican estos países sobre lo que sucede en el nuestro amplían el abanico a otras menos pesimistas, e incluso a algunas optimistas sobre nuestra realidad y futuro. En cualquier caso, y salvo en temas muy puntuales, los problemas de Francia, Alemania, Países Bajos o las naciones del Báltico difieren poco de los nuestros.

 Los años en que, por razones profesionales, viví en otras naciones de la Europa comunitaria me habituaron a no alarmarme, cada vez que oía o leía lo mal que iba nuestro país. Gobernara quien gobernara las portadas de ciertos periódicos y los tertulianos del caos parecían indicar que España ardía por los cuatro costados. Viajaba a ella y, las más de las veces, la cosa no era para tanto: vivíamos igual o mejor que otros miembros de la UE y nuestros problemas y los suyos, como socios del mismo club, tenían bastante en común.

 Polacos, suecos, rusos, bielorusos, ukranianos, lituanos, estonios, que de todo hay por estos caminos del señor, muestran gran curiosidad por España, de la que, sobre todo en cuestiones deportivas, poseen toda suerte de informaciones. De Iniesta y Casillas saltan a de Lorenzo y Pedrosa y del duelo Contador-Schleck a Rafa Nadal. Sobre nuestra situación económica sus conocimientos son superiores a los que cabría esperar y su diagnóstico de futuro no nos deja en mal lugar. No se si tendrá que ver con la perspectiva, pero, desde 4000 kilómetros, las cosas suelen verse mejor.




Por José Antonio Gurriarán. Viernes, 16 de Julio de 2010.

La Edad de la Piedra

La condena a morir lapidada dictada por tres de los cinco jueces de un tribunal iraní contra una mujer acusada de adulterio, que, en los cinco años que dura su proceso nunca ha podido demostrarse, está siendo calificada “suavemente” de medievalismo. Habría que decir que nos retrotrae a los días más oscuros de la Edad de la Piedra, en la que, según algunos investigadores de la época, divergencias y disputas se solventaban a cantazos.

 La red de Internet es hoy el vehículo que moviliza a millones de de seres humanos de todo el mundo en demanda urgente de piedad con Asthiani, que este es el nombre de la desgraciada madre de dos hijos, encarcelada desde el año 2005, condenada en el 2006 a recibir 99 latigazos y, posteriormente, a ser lapidada con piedras lo suficientemente grandes como para causarle dolor, pero no tanto que le ocasionen la muerte demasiado pronto…

 El objetivo de la condena, según un informe sobre el tema elaborado por Amnistía Internacional, es que Asthiani sufra lo máximo, todo el tiempo posible, hasta que la muerte la libere de leyes, gobernantes, jueces y verdugos tan crueles como arcaicos. Otras ocho mujeres y tres hombres esperan hoy igual suerte en las cárceles de Irán.

 Al margen de si hubo o no adulterio, que parece que no, estas y otras condenas similares producidas por una interpretación inhumana de la ley coránica, causan el rechazo general de los regímenes y sistemas que someten a la mujer a sufrimientos y vejaciones sin límites. En ocasiones la protesta está, afortunadamente, encabezada por países musulmanes moderados contrarios a esta lectura radical y brutal de su libro sagrado.

 El gobierno de Irán y la Comisión de Amnistía e Indultos del país asiático, en dos ocasiones, negaron la absolución solicitada. Ambos hacen ver, por medio del Ministerio de Asuntos Exteriores, que, en ningún momento ha habido revocación de la condena, que si se hubiera producido los primeros en enterarse habrían sido Ashtiani y su abogado y que la oleada mundial de protestas no es más que propaganda occidental para desprestigiar al gobierno de Teherán.

 Debemos recordar que Amnistía Internacional y otras organizaciones contrarias a la tortura y a la pena de muerte, en tiempos no muy lejanos, protestaron, con igual énfasis, contra los abusos en las cárceles de Irak cometidos por militares norteamericanos e ingleses, contra el trato a los prisioneros secretos de Guantanamó, contra la aplicación de la silla eléctrica o la inyección letal, en Estados Unidos, a condenados que pasaron años y años en el corredor de la muerte, contra el tiro en la nuca firmado por los diferentes gobiernos de China para centenares de condenados.

Estos usos a los que, también, se pretende dar la apariencia de democráticos son igual de medievales o de la Edad de la Piedra como la flagelación y posible lapidación de Ashiani. Confiemos en que la movilización internacional evite lo último; los latigazos ya los ha sufrido.

 




Por José Antonio Gurriarán. Jueves, 15 de Julio de 2010.

Alemania, en la cuerda floja

“Ustedes van para arriba y nosotros para abajo” nos dijo a mi mujer y mi Renate Küsel, una alemana particularmente cordial y extravertida que estuvo casada con un cántabro, vivió en Santander durante muchos años, recorrió y conoce muy bien la geografía española y, como millones de germanos, este año decidió pasar las vacaciones en su país. En una casita de madera alquilada, sobre un hermoso lago de la periferia de Hannover, desde la que gusta ver las aves acuáticas y oír el croar de las ranas. 

Frases parecidas a las de Renate las escuché en otros lugares de Alemania, de personas que habitualmente veraneaban en España y, este año, la crisis económica, que, también alcanza a la “locomotora” de la UE, les forzó a quedarse. Hoy mismo, en un camping de San Soucci (Berlín), muy cerca del palacio de Postdam donde los cuatro grandes se repartieron poderes e influencias tras la Guerra Mundial, varios germanos me recordaron los éxitos de nuestros futbolistas, tenistas y ciclistas y los incluyeron en los últimos años de bonanza económica y desarrollo social que disfrutó España.

Son frases que levantan el ánimo cuando las oyes fuera de tu país de donde salí, hace una semana, con el rum-rum angustioso de la crisis magnificado por los que, con tanta habilidad como insistencia, siembran la cizaña del “todo va mal” y del “nada nos vale”, tratando de ocultar que situaciones parecidas, y en muchos casos peores, afectan a naciones de nuestro entorno y que la salida del túnel parece que comienza a vislumbrarse.

Por la misma ruta y en dirección al Báltico: Varsovia, Torun, Riga, Tallin, Helsinki -este año con el añadido de San Petersburgo y la región rusa de Karelia-, transcurrieron mis vacaciones veraniegas del 2005. Entonces recorrí los diez países que habían ingresado en la Unión Europea y escribí algunas crónicas sobre ellos y sobre los efectos que podía tener, para la Europa de los 27, la reunificación de las dos Alemanias.

El tema, entonces, era capital para la UE, consciente de que gran parte de su desarrollo se debía a este banquero generoso de la Comunidad, que, también, tendría que contribuir en más al desarrollo de los nuevos socios. Lo era, igualmente, de cara a la dura batalla electoral que en Alemania se avecinaba por la cancillería:

El socialdemócrata Gerhard Schroeder pretendía igualar el nivel de vida de los 17 millones de habitantes de la Alemania del Este con los 63 de la República Federal, facilitar el ingreso de Turquía en la Unión Europea si cumplía las condiciones exigidas, cortar la oleada del nacionalismo ultra consecuencia de los atentados europeos de origen radical islámico y frenar el desempleo provocado por el incremento de los precios petrolíferos, la guerra de Irak y la crisis económica, que, por estas y otras razones, ya asomaba la oreja.

Desde un partido democristiano cada vez más cerrado y xenófobo, con las promesas de mano dura con los inmigrantes, una menor contribución germana a las arcas comunitarias y gracias, también, a la ayuda que le proporcionó la escisión del ex ministro de economía socialdemócrata, Oskar Lafontaine, Angela Merkel venció a Schroeder y lo retiró de la política.

El clima que hoy trasciende de las conversaciones que uno va encontrando por el camino, de lo que publican los medios de comunicación y de los últimos sondeos y resultados electorales –descendieron los democristianos y subieron los restantes partidos-, es exactamente el contrario al de hace cinco años: el crédito de Ángela Merkel está siendo muy afectado por la situación económica y por el desempleo, los socialdemócratas vuelven a ser la esperanza, el populismo utópico de los seguidores de Lafontaine caló en los territorios más pobres del Este y en las áreas industriales de Berlín, los verdes continúan siendo indispensables…

Aquí nadie escapa a los recortes de la crisis. Las gentes de edad temen por su calidad de vida y pensiones; los jóvenes son los más afectados por el desempleo; la ultraderecha se mueve bien en este clima y arremete contra los inmigrantes, con la misma soflama de los ultras holandeses: “el barco está lleno”, dicen y atemorizan a muchos. La poderosa Alemania también está en la cuerda floja de los vaivenes económicos. Algunos, como Renata Küsel, confían en el joven impulso de España. Cuando tantas cosas se ocultan, también habrá que contarlo.




Por José Antonio Gurriarán. Lunes, 12 de Julio de 2010.

La final y el Cuadro de la Lanzas

Sufrí y disfruté la Final del Campeonato Mundial de Fútbol de Sudáfrica en un camping francés, mayoritariamente poblado por holandeses, que viajan pacientemente con sus caravanas rumbo al sol y la playa, el vino y los toros de España. El camping, desde el que escribo esta reflexión veraniega, está enclavado a orillas del río la Vienne, en la periferia de la villa de Châtellerault, a casi mil kilómetros de Madrid y a no se cuantos de Roterdam, Amsterdam y Groningen.

 Como en un cuadro redivivo de Van Gohg la sala de reuniones del camping estaba empastelada por el color naranja de las camisolas y bufandas de los holandeses, moteada por apenas media docena de banderolas españolas y las viseras y pinturas faciales de mis dos hijas, Rosario y Laura, que, aunque en minoría, lucían confiadas el rojo y gualda de España.

 Horas antes de comenzar el partido neerlandeses e iberos hicimos un ensayo de convivencia dentro de la batalla, con el dudoso arbitraje de algunos campistas galos, todavía, humillados y apeados de la grandeur por la derrota de su selección. Motivo, la primera etapa alpina del Tour de Francia, en la que el francés Sylvain Chavanel salía de líder, con el temor de que a Contador le diera por pedalear en serio y le arrebatara el último maillot que restaba a las glorias galas. Contador y otros atacaron  y Chavanel quedó descamisado.

 Los holandeses, para sorpresa mía, animaban a los ciclistas españoles –Samuel Sánchez, Contador, Sastre- con igual entusiasmo con que, la tarde anterior, jalearon a los jugadores uruguayos que dirimían con la escuadra germana el tercero y cuarto puestos del mundial. ¿Por qué nos animan –me pegunté-, si, dentro de tres horas o cuatro horas, vamos a ser sus rivales en otro campo del honor? ¿Pretenden que nos concentremos en el Tour y nos olvidemos de Sudáfrica?

 No era esa la razón y tuve ocasión de comprobarlo pronto: en cuanto sonó el ronroneo de vuvuzelas y el árbitro dio inició a la final, entre holandeses y españoles. La hinchada naranja aplaudía, con igual o parecido entusiasmo, las galopadas de su armada hacia la meta de Casillas, acaudilladas por Roben y Sneijder, que el juego geométrico de los de Del Bosque guiado por la batuta mágica de Iniesta y Xavi.

 “Esta gente es menos apasionada y más imparcial y deportiva que nosotros”, me dije mientras proseguía el encuentro. No era así. Cuando se adentraban los anaranjados hacia la meta española los holandeses del camping gritaban como condenados, animados por una docena de niños rubios y por una trompeta ensordecedora. Cuando, al filo de los penaltis. Iniesta trenzó su gol histórico los holandeses lloraron por la emoción de perder, pero no se sintieron derrotados. Nosotros les aplaudimos como a grandes subcampeones que son y ellos hicieron lo mismo con la selección española. Me recordó el cuado velazqueño “·La Rendición de Breda”, ejemplo de una victoria y una derrota elegantes.




Por José Antonio Gurriarán. Viernes, 9 de Julio de 2010.

Las cooperantes

La muerte en Perú de cuatro cooperantes españolas, una de ellas profesora en Aguadulce que se habían trasladado a Cuzco para colaborar como voluntarias en la ONG Señor de Huanca, pone de relieve el papel social y humano que hoy mismo están desempeñando millares de españoles y españolas, esparcidos por los países subdesarrollados de los cinco continentes, con la misión de ayudar y mejorar la calidad de vida de los pueblos más pobres y olvidados.

 El accidente que acabó con la vida de Lorena Guerrero Sevillano, una santanderina de 27 años criada en Granada y residente desde hace tres en la provincia de Almería, la une a la larga lista de cooperantes españoles que perecieron en misiones solidarias o sufrieron violencia, por razones diferentes: accidentes de tráfico por peligrosos caminos y carreteras, como en su caso y el de sus tres compañeras, contagio por epidemias y deficiencias sanitarias, luchas de guerrillas, violaciones, asesinatos, secuestros…

 Desde Ruanda a la India, desde el terremoto de Costa Rica al Sahara y desde las guerras balcánicas a Mauritania, en todos los lugares en los que ha habido dolor y necesidades ha sido notable la presencia de voluntarios españoles –médicos, bomberos, ingenieros, periodistas, profesores, estudiantes, jóvenes parejas-, que, en ocasiones con el riesgo de sus vidas, cumplen con su vocación solidaria. En esta última nación hace ya más de siete meses que la rama marroquí de Al Qaeda se llevó, por la fuerza, a los tres cooperantes de la ONG Barcelona Acción Solidaria, que formaban parte de una caravana dispuesta a prestar ayuda a quienes lo precisaban…Sabían los peligros que les acechaban, pero siguieron adelante.

 Buscan agua, siembran, organizan cooperativas, distribuyen alimentos, hacen carreteras, levantan viviendas, construyen hospitales, trabajan en labores docentes…Es ya imposible encontrar un país, por muy remoto o cerrado al exterior que esté, en el que no ejerzan su labor fraternal las Organizaciones no Gubernamentales. Es muy difícil hallar alguno en el que no estén representadas las ONGes españolas.

 A estas alturas no se puede imaginar el mundo sin la actividad múltiple de las ONGes, que, con sus críticas y exigencias, espolean a las instituciones internacionales y a los gobiernos de los países ricos y marcan su presencia allí donde las grandes potencias y organizaciones del mundo discuten la distribución de los recursos económicos, los problemas del crédito, los riesgos de la energía nuclear o el cambio climático y su influencia en el medio ambiente: estuvieron en todas las reuniones de los G-8 y G-20 y del Fondo Monetario Internacional, en las cumbres de Kioto y Río, en los consejos de jefes de Estado y de gobierno de la Unión Europea

 Muchas veces sus peticiones pueden parecer radicales, pero, en cualquier caso, sus protestas llaman la atención sobre problemas reales, conciencian a la opinión pública y estimulan a solucionarlos a las instituciones y gobiernos, haciendo bueno el pensamiento de André Malraux, cuando las disputas ideológicas de los años sesenta, de que “los radicales son los que dan crédito a los moderados.”

 Lorena es símbolo de una juventud con grandes valores humanos, a la que pocas veces reconocemos sus virtudes. Aprovechó sus vacaciones para irse a trabajar por los demás, aunque adelantó a alguna amiga su intención de dedicar, un día, sus conocimientos docentes a los pueblos del Tercer Mundo. No le dio tiempo.  Admiraba a Vicente Ferrer, un español universal, que, en la India, ayudó a vivir a dos millones y medio de desfavorecidos y para el que hoy se pide, con justicia, el Nóbel de la Paz. Fue el primer cooperante español.




Por José Antonio Gurriarán. Miércoles, 7 de Julio de 2010.

Juego limpio

Nadal, Contador, Lorenzo, Pedrosa, Alonso, Gasol, Casillas, Torres, Iniesta, Villa, el sevillano Navas…La lista podría alargarse hasta medio centenar de ases indiscutibles, que tienen engatusado al país. Es la generación del podium, que tuvo que esperar al tercer milenio y que, un fin de semana si y otro también, llevan copas y medallas a sus vitrinas, riegan a sus hinchas con el cava dulce de la victoria, izan la bandera española y hacen sonar el himno nacional por todo el mundo y animan la moral ciudadana, zarandeada por la crisis y por políticos tristes.

 Tenis, ciclismo, motociclismo, automovilismo, baloncesto, balonmano, atletismo, fútbol…En casi todas las especialidades deportivas son los mejores, o compiten con los mejores. Pese a ello se les ve sencillos en el trato, elegantes con sus rivales, medidos a la hora de las victorias, respetuosos con los periodistas que les siguen y encumbra,  humildes en las derrotas que también las sufren. Son el amigo o el novio ideal que gustarían muchos padres para sus hijas.

 Tan distantes están del estereotipo del deportista hispano que triunfaba en el pasado -individualista a lo Bahamontes, aislado a lo Santana, sorprendente a lo Gento-, que, cuando compiten en deportes de conjunto, forman un equipo tan homogéneo y unido como los medalla de oro del baloncesto, los que pasearon la Eurocopa en autobús por Madrid y los vencedores de la Davis. Cuando, como en estos días, disputan el Mundial de Sudáfrica, tan feliz es el que para o mete goles, como el que se queda en el banquillo. De ahí la imagen noble, tantos años insólita, del abrazo de Reina a Iker Casillas.

 Adelantado de este nuevo estilo de competidores, en los que la sencillez y la sinceridad congenian con la simpatía, fue y continúa siendo el inigualable Perico Delgado, que se llevó un Tour entre sonrisa y sonrisa y, también sin descomponerse, perdió la posibilidad de obtener el segundo, en Luxemburgo, donde se perdió por las calles y llegó tarde a la salida…No se inmutó, no se irritó, no echó la culpa a nadie y continuó pedaleando

 Imágenes ejemplares para la historia del éxito y del juego limpio también son la de Rafa Nadal, cuando abraza y consuela al lloroso Federer; los frecuentes aplausos a sus rivales de su entrenador y tío Tony; el manteo de la selección a Pepu Hernández tras el oro; la espera a sus rivales recomendada por Contador, tras la caída –al día siguiente a él no lo esperaron-; la piña de todos los seleccionados, después del gol, sobre el cuerpo aplastado de Villa…

 ¡Que diferencia, el comportamiento humilde de Del Bosque, con las patadas a los periodistas de Clemente, los insultos del Dios Maradona a todos los que osan criticarle o contradecirle, los desplantes y jactancias del Guti¡.  Grandes deportistas los tres, en sus especialidades, pero broncos, maleducados, pretenciosos, desabridos. ¡Qué diferencia la contención sonriente de Nadal, cuando la bola no entra, con los romperraquetas, que, si juegan mal, la emprenden con su herramienta de trabajo en vez de enfadarse consigo mismo¡

 Tenemos una generación de jóvenes deportistas con hambre de triunfos en la cabeza, en las manos, en las botas y en los pedales, que comparten generosamente con el país como si no fueran suyos. Desde niños luchan por ser los mejores: lo han conseguido. Son fieles a los postulados del barón de Cubertain: tienen sana alegría y gustan del  juego limpio. Tan excepcionales que me temo que esta generación sea irrepetible




Por José Antonio Gurriarán. Lunes, 5 de Julio de 2010.

Los españoles y el sexo

 

 No se si será por los primeros achuchones del calor, que ponen a cien la temperatura del cuerpo, o porque llegado el verano la política languidece y toca hablar de otras cosas: el dato es que se están publicando encuestas y comentarios sobre temas que no forman parte de la moda habitual de  primavera, otoño e invierno. Entre ellos uno, que, después del Mundial de Fútbol, parece ser el que más interesa: el sexo, que, en tiempos, fue tabú y pecado referirse a él y más aún practicarlo.

 Los nostálgicos repiten, tan serios, que es peor esta época de libertades para todos, que califican de desenfreno y libertinaje, que aquella pertinaz sequía sexual, política y cultural del régimen de Franco y sus gobiernos opusinos y democristianos, en la que las más de las parejas no se estrenaban hasta que las bendecía un sacerdote y había que ir a abortar a Londres y solo podían permitírselo gentes adineradas.

 Los que la vivieron recordarán que los enamorados eran multados por besarse en los parques públicos y cines –el acomodador podía sorprenderlos con un linternazo-; que los españolitos hacían cola, en la frontera francesa y en las salas de Perpignan, para contemplar la escena de la mantequilla de “El último tango en Paris”, de Marlon Brando y María Schneider, que, vista hoy no tendría un rombo, ni escandalizaría a nadie.

 Era especialmente cruel la persecución que sufrían de la dictadura los homosexuales y lesbianas, por el mero hecho de serlo. Eran detenidos y tratados como delincuentes y vulgares ladrones en las notas periodísticas, que, diariamente, entregaba en Madrid la policía a los periodistas de las secciones de  local y sucesos, en la Dirección General de la Puerta del Sol. Leí muchas de ellas e incluían al grupo gay, en la parte final, dedicada a “gitanos, indocumentados y demás gentes de mal vivir…”

 Como estaba prohibido hablar de política y de sexo, de tapadillo solo hablábamos de política y de sexo. Cualquier motivo era bueno, desde el cine extranjero a los libros censurados, desde la minifalda al bikini que traían a mal traer al siempre octogenario y lejano episcopado. Los primeros bikinis llegaron a la playita de la península de la Magdalena, de Santander, en la década de los sesenta, portados por rubias del norte de Europa que acudían a los cursos de verano de la Universidad Menéndez y Pelayo.

 Yo, entonces, hacía prácticas en un diario de la capital cántabra  y, después, dirigí otro en la misma ciudad. Del paso, por ambos, suelo evocar que los paseos cercanos a la playita eran un trasiego de serios varones, algunos provistos con prismáticos, inquietos por atisbar partes del cuerpo femenino que hasta entonces desconocían. El obispo Cirarda, que se las daba de liberal y era un intransigente trentino, me llamó la atención por publicar en el periódico una fotografía de la pecaminosa playa. En esta y otras recomendaciones no le hice caso y me costó caro: me echaron del periódico.

 Tengo al alcance de la vista tres encuestas sobre los españoles y el sexo, que difieren en cifras pero coinciden en la fundamental: los más satisfechos con sus relaciones sexuales son los jóvenes; mas de la mitad de los interrogados consideran que estas relaciones son tema prioritario en sus vidas; el amor y la ternura están cada vez más vinculadas al acto carnal, las mujeres se encuentran más a gusto con su vida sexual que los varones; entre el 65 y el 75 % de ellas piensan que los hombres nunca ponen trabas a la práctica del sexo; gran parte de los que las rechazan es por problemas de cansancio, abuso del alcohol o por disfunción eréctil, que, en su mayor parte, les da vergüenza reconocer.

 Una de las encuestas asegura que, a lo largo del año, los españoles practicamos con más frecuencia el sexo que la media mundial; pero somos los que menos tiempo dedicamos al acto, una media de solo 16 minutos. Dice, también, que la inapetencia de algunos es mayor cuando ha perdido su equipo de fútbol. A sensu contrario se podría esperar que los éxitos de la selección  en Sudáfrica, en estos días de calorina, animen el cotarro. Villa puede salvar el bajo índice de natalidad que tenemos.

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Por José Antonio Gurriarán. Sábado, 3 de Julio de 2010.

ETA y el verano

Desde el verano del 79 hasta agosto del año pasado, salvo la excepción de algunas treguas, siempre quiso ETA sembrar el pánico en las zonas más frecuentadas del litoral, incordiar el descanso de pacíficos ciudadanos españoles y asustar al visitante extranjero, para chantajear a los gobiernos con la amenaza de causar quebrantos a la industria turística, durante mucho tiempo la primera y más rentable del país.

 Nada mejor, para desmentir los “éxitos” veraniegos de la organización terrorista, que las impresionantes cifras del turismo interior y exterior en estos treinta y un años. O las imágenes, estos días, de millones de nacionales y extranjeros abarrotan estaciones, aeropuertos y carreteras camino de nuestras costas, confiados en los operativos de seguridad y en nuestra policía, ajenos a las amenazas etarras y parece que conscientes de que lo que más molesta a la banda es que se la ignore.

 Esta recomendación no es óbice para que, como en anteriores ocasiones, el ministro del Interior cumpla con su obligación de alertarnos de que hay que estar “especialmente atentos” a las intenciones de ETA de cometer atentados, por estas fechas, para salir en los espacios informativos y demostrar que todavía existe y tiene capacidad para hacer daño, a pesar de la detenciones de prácticamente todo su aparato organizativo y de los comandos que han ido cayendo en los últimos años.

 Las declaraciones de Rubalcaba también tienen este doble mensaje y advertencia: a ETA, que la policía y jueces españoles, apoyados por los de Francia y los de los restantes países miembros de la Unión Europea, siguen de cerca sus pasos y no le darán respiro hasta liquidarla o forzarla a que se disuelva; a los españoles, que alerten a las autoridades de cualquier sospecha o pista, pues está demostrada la eficacia de la colaboración ciudadana para prevenir los atentados y apresar a quienes los planean.

 Las palabras del ministro no solo se producen en el momento de mayor éxito en la lucha contra la banda terrorista; también, en el de mayor unión, entendimiento y decisión de los partidos democráticos para acaba con ella, incluidas las formaciones nacionalistas moderadas y, de manera especial, el PNV que tuvo, en tiempos, sus vacilaciones y discutible comportamiento.

 Uno de los pilares básicos de esta imprescindible unidad, para aislar y eliminar a la banda, ha sido el pacto y buen entendimiento entre socialistas y populares en el País Vasco. Buena relación que solo es turbada por declaraciones frecuentes del ex ministro Mayor Oreja y de algunos de sus correligionarios, que perdieron el poder en Euskadi, precisamente, por su afición a denunciar pactos y encuentros del gobierno con ETA, que no existen y no han podido demostrar.

 A este “denuncia, que algo queda” de corte neoaznarista – es una repetición de la insistencia malévola del anterior presidente en atribuir a ETA la matanza de Atocha-, se ha unido la ex líder popular vasca, María San Gil, que no ha podido elegir peor momento para insistir en la cantinela. Asegura que el gobierno “tiene clara voluntad de negociar con ETA”, evidente contrasentido de la que debería advertirla su propio partido, cuando la unidad contra el terror se fortifica con el acuerdo alcanzado con el PP, la pasada semana, de reformar la Ley Electoral para impedir que Batasuna se camufle en alguna lista: cuando, también con el PP, el gobierno pactó la Ley de Víctimas del Terrorismo; cuando ETA intenta atentar de nuevo. No ha podido ser más inoportuna.




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