Hablar sobre poesía
- ¿Para qué sirve la poesía?
Mi hija Elisa es lectora de poesía. Ahora le gusta leer en alto un poema de Mario Benedetti, “A la izquierda del roble”. Se ha acercado a la poesía con una naturalidad familiar, como si fuese una costumbre particular. Quizá por eso se extraña un poco de que la poesía viva también una existencia fuera de la casa, como si nuestra relación cómplice tuviera que parecerse a un secreto y no a una dedicación con repercusiones sociales e institucionales.
El mes pasado estuvimos en Cosmopoética, el festival que la ciudad de Córdoba dedica a la poesía. Hoy lunes empieza el Festival de Poesía de Granada, con la participación de notables escritores de todos los países hispanoamericanos. Y la Feria del Libro de Sevilla homenajea este año a Miguel Hernández. Andalucía se llena de poemas y poetas en esta primavera. Las noticias de la radio mezclan la crisis, las manchas de petróleo, los debates sobre el franquismo, las polémicas sobre el Tribunal Constitucional, las especulaciones financieras y los versos. Elisa se ha quedado pensativa al ver mezclados nuestros secretos con la realidad y me pregunta por la utilidad de la poesía.
- ¿Y para qué sirves tú?, le contesto.
- ¿Cómo?
- Sí, ¿para qué sirves tú? Si no hubieses nacido tú, quizá yo tendría otra hija, que iría a tu instituto. Tus amigas tendrían otra amiga, tus profesores otra alumna. No eres imprescindible.
- Para mí, sí.
- Para ti eres imprescindible, y para mí eres muy importante, importantísima. Así que habrá que pensarnos muy bien algunos verbos como servir o utilidad. La gente que pone en duda la utilidad de la poesía no es que tenga un concepto pobre de los poetas, es que utiliza un concepto muy empobrecido de la palabra utilidad. Se creen que solamente es útil aquello que tiene que ver con los negocios, con el dinero que hace falta para pagar los gastos del mes, o con la alimentación. Los animales nacen, crecen, se reproducen y mueren. Pero los seres humanos somos algo más que animales.
- A nosotros nos gustan las cosas inútiles.
- No, ten cuidado con esas rebeldías falsas, porque son una trampa. Es mejor decir que nosotros tenemos otra idea de la utilidad. ¿Es útil que yo te mire a los ojos? ¿Es útil que tengas cinco minutos disponibles para que una amiga te cuente lo que le ha pasado hoy en el colegio? ¿Es útil que aprendas a mirar desde el balcón los tejados de la ciudad? ¡Qué hermoso está el cielo! ¿Son útiles la tristeza y la alegría, el amor o los recuerdos del abuelo? Tú eres un poco todas esas cosas, así que conviene encontrar un significado más humano de la palabra utilidad. Que nadie se atreva a poner en duda que tú eres útil, aunque los colegios y las ciudades puedan sustituirte por otra alumna.
- Bueno, yo soy útil para que tú puedas escribir estos artículos, por ejemplo.
- Es verdad. El poeta Antonio Machado decía que en la vida no merece la pena nada que no se pueda explicar a un niño. Basta con encontrar las palabras adecuadas a la edad. Cuando yo hablo contigo, aprendo lo mismo que tú, y eso es muy útil. Pero el día que deje de escribir estos artículos, tú seguirás siendo útil a no ser que empobrezcamos mucho el significado de la utilidad. Y para eso sirve la poesía, para recordar las cosas importantes de la vida, esas cosas que muchas veces quedan ocultas y humilladas por la prisa de la actualidad. La poesía es una lucha por el tiempo, para conseguir que el tiempo nos pertenezca un poco.
- ¿Y qué has aprendido hoy conmigo?
- Que no se le debe regalar una palabra al enemigo. Que no podemos abandonar la palabra utilidad en manos de los pragmáticos y los negociantes. Que es muy útil imaginar lo que se dice una pareja de enamorados a la izquierda de un roble.



