La libertad de prensa
- Pues se me han quitado las ganas de ser periodista.
- La verdad es que da un poco de miedo. Pero tampoco conviene acobardarse…
Los datos que se han publicado con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa son un aviso serio. En lo que llevamos de año, 9 periodistas han sido asesinados y 165 encarcelados. Además, algunos gobiernos persiguen con severidad las voces críticas que navegan por internet. Mi hija Elisa comprende bien un panorama en el que la violencia actúa sobre la información para esconder delitos o controlar a los ciudadanos. Los narcotraficantes impiden que sus negocios salgan a la luz, las bandas terroristas amenazan a los que no guardan silencio ante sus dogmas y sus atentados, y los dictadores procuran que no exista un espacio público de disidencia.
- La claridad informativa es incompatible con la represión y con el crimen –le comento a Elisa-. Necesitamos decir lo que pensamos, porque si no la vida se convierte en una estafa, en una mentira. La realidad huele a podrido con los silencios impuestos.
- ¿Y qué podemos hacer?
- En primer lugar, tener muy claro que la democracia necesita libertad de prensa.
- ¿Y en segundo lugar?, pregunta mi hija, intuyendo que quiero matizarle algo.
- En segundo lugar, después de meternos de manera tajante con los violentos, los fundamentalistas y los dictadores, conviene añadir algunas cosas. Por desgracia, los periodistas no sufren únicamente la presión de los narcotraficantes y los tiranos. No es lo mismo la libertad de prensa que la prensa libre.
- No te entiendo.
- Verás, la violencia, la cárcel y los asesinatos sólo son el lado más sangrante de la difícil situación que soportan los periodistas cuando quieren desempeñar con dignidad su trabajo. Porque en muchas ocasiones las dificultades no llegan de los gobiernos criticados, sino de las empresas para las que trabajan.
- Que actúan como cualquier empresa, guiadas por intereses económicos.
- Sí, y cuando hay problemas laborales y despidos, los periodistas casi nunca salen en la prensa, porque son sus propios patronos los encargados de informar. Además, los medios tienden a reunirse en grupos mediáticos, que a la vez se reúnen en grandes grupos multinacionales, y cuando informan suelen estar más atentos a sus negocios que a la veracidad de sus interpretaciones. Por ejemplo, un periódico que pertenezca a un grupo con intereses en la industria armamentística, será poco fiable a la hora de informar sobre las causas de una guerra.
- ¿Eso pasa?
- Cada vez más. Si hay gobiernos que persiguen a los periodistas, también hay grupos mediáticos que se consideran con derecho a poner y quitar gobiernos. Los intereses económicos son la única verdad. Por eso digo que no es lo mismo la libertad de prensa que la prensa en libertad, o sea, hay que estar en contra de las actuaciones gubernamentales que recortan la libertad de expresión, pero también hay que permanecer alerta ante la prensa que miente en nombre de mandatos ideológicos o comerciales.
- Claro, ¿pero qué podemos hacer?
- Por una parte, admirar a los periodistas que hacen su trabajo con dignidad, y repetir que su decencia es importantísima para la vida democrática. Por otra parte, debemos tener muy claro que en democracia no hay dinero mejor gastado que el invertido en una prensa pública independiente, objetiva y seria.



