Las renovaciones
Hacer que la vida real esté ligada a la vida oficial es una de las tareas éticas de la política. Cuando se abre una brecha entre la calle y las instituciones, entre los ciudadanos y los escenarios públicos, la representación se convierte en una farsa dominada por la hipocresía, el olor a cerrado y la inutilidad.
Mi hija Elisa se ríe de mi buen humor al recibir las noticias de este fin de semana sobre la renovación de partidos e instituciones andaluzas. Creo que la situación de crisis exige alternativas de futuro, y por eso le hablo del protagonismo que deben adquirir los jóvenes.
- Pues no os entiendo –me dice-. Por una parte, desconfiáis de los jóvenes, del botellón, de las nuevas costumbres, de su falta de educación, y por otra parte os alegra que entre gente joven en la dirección de los partidos.
- Es bastante fácil de comprender. A mí no me gustan las caricaturas, porque siempre hay personas de todo tipo, y eso pasa también con los jóvenes. Pero si tengo que elegir una imagen como síntoma social, prefiero no caracterizar a la juventud española por el botellón o por la impertinencia con los profesores, y alegrarme de los jóvenes que se comprometen con sus ilusiones políticas. Ese es el principio de una renovación institucional imprescindible.
- ¿Te gustan los cambios que se anuncian en Andalucía?
- Mucho, creo que es muy importante que se haya elegido a una persona joven como Secretario General del Partido Comunista de Andalucía.
- Yo estaba pensando en el nuevo Gobierno de la Junta.
- Eso también es importantísimo, pero más conocido, ya lo hemos hablado. En su intervención en el Congreso, Leire Pajín afirmó que el PSOE ha sabido siempre renovarse de acuerdo con la sociedad española. Y respaldó el cambio generacional en su partido. Pero cuando se está en el Gobierno, una renovación debe significar ante todo una respuesta inmediata a los problemas de la calle. El cambio del Gobierno era una exigencia para demostrar que los socialistas no se han reunido porque necesitaban encajar y solucionar guerras internas, sino porque querían liderar una salida eficaz de esta crisis.
- ¿Y los comunistas?
- Me gusta que se haya elegido a José Manuel Mariscal y me gusta el sentido de su primera intervención, defendiendo el protagonismo de los jóvenes y las mujeres. La izquierda cae a veces en unas contradicciones graves. Mira, por ejemplo, la situación internacional de los sindicatos. La economía es ya global, los negocios y las especulaciones no tienen fronteras. Los capitalistas no cantan La Internacional, pero son muy internacionales. Sin embargo, los que cantan La Internacional no consiguen poner en marcha una respuesta conjunta a la economía globalizada.
- ¿Eso pasa con los jóvenes y las mujeres?
- Les falta mucho protagonismo en Izquierda Unida y en el PCA. Las organizaciones más interesadas políticamente en la transformación de la sociedad y en el movimiento feminista no han sabido ofrecerle protagonismo a las mujeres y a la juventud. Creo que, por fin, la cosa va en serio. Por eso me gusta el nombramiento de José Manuel Mariscal.
- Por eso, y porque es amigo tuyo.
- Bueno, pero no lo digas. Bastante tiene ya con sus enemigos, para tener que cargar con los míos. Todos deben ponerse a trabajar juntos para que se demuestre su capacidad de intervención en la realidad. Salir de la crisis es también una tarea suya.



