Los menores y la ley
Acaban de sorprender robando un coche a El Rafita, el muchacho que siendo un adolescente, casi un niño, asesinó con tres amigos a Sandra Palo. Fue en el año 2003. Condenado a 4 años de internamiento en el Centro de Menores de Carabanchel, cumplió su condena y pasó a un centro de régimen abierto para cumplir otros tres años de libertad vigilada. El Rafita ha roto la vigilancia.
No han salido las cosas bien. El pasado mes de junio fue detenido después de robar un ordenador en Málaga. La Junta de Andalucía lo puso en manos de la Agencia para la Reinserción y Reeducación de la Comunidad de Madrid, y ahora vuelve a ser detenido por el robo de un coche. Son muchos los comentarios que exigen un endurecimiento de las leyes y las penas, medidas a las que se suma hasta el Defensor del Menor en Madrid.
- ¿Y tú que opinas?, me pregunta mi hija Elisa, después de oír unas declaraciones, llenas de indignación, de la madre de Sandra Palo.
- ¿De esta pobre mujer? Que está destrozada por la muerte de su hija, como lo estaría yo si a ti te hicieran algo. Pero la justicia no puede tomar medidas según los deseos de la gente indignada. Volveríamos a la ley del ojo por ojo y diente por diente.
- Es muy fuerte que el asesino se haya escapado, y esté libre tan pronto, y robando… Comprendo que la gente esté indignada.
- Verás, Elisa, te voy a contar las cosas de otra manera. Seré menos melodramático y menos efectista que las versiones de la prensa, pero creo que más justo. En primer lugar, el asesino no está suelto. En aquel crimen había un adulto, conocido como El Malaguita, al que se le condenó a 64 años de cárcel. En segundo lugar, las noticias se pueden dar de muchas maneras, porque…
- Pero las penas han sido muy blandas.
- Mira, al hablar de la ley del menor se pueden hacer dos cosas. Informar del número de menores que cometen delitos, de cómo funcionan los centros de reinserción y reeducación, de las muchachas y los muchachos que consiguen cambiar su vida. O también se puede tomar un caso que haya salido mal, y convertirlo en norma, y pedir que se endurezcan las penas, hundiendo en la miseria al resto de los menores. ¿Para quién han sido blandas las penas?
- Para “El Rafita”.
- ¿Y tú quieres hacer un código especial para El Rafita, olvidándote de los demás? Pues El Rafita tendrá que apuntarse a la SGAE y pedir derechos de autor. Fuera de bromas, está demostrado que el endurecimiento de las penas no evita los delitos. Ni siquiera la pena de muerte acaba con la delincuencia, sólo sirve para convertir a los ciudadanos en unos salvajes. Y espero, además, que no confundas el hecho de asesinar a alguien con robar un ordenador o un coche. A ver si ahora se va a pedir por robar un ordenador la misma pena que por matar a alguien. Una cosa son los antecedentes, y otra la gravedad de los delitos. Que ande suelto en España un ladrón de coches no me parece algo tan grave como para cambiar un código penal.
- Entonces, ¿qué harías?
- Haría lo de siempre, pensar en ti. Porque vamos a ver, aquí no sólo está en juego cómo se castiga a quien pueda hacerte algo a ti, sino cómo se te castigará a ti si tú haces algo. Me gustaría que el juez tuviese una ley que le permitiera adaptarse a tu caso, a ti , a tu error, y no le obligasen a dictar una sentencia más dura de lo necesario. Por eso digo que debemos contar las cosas de otra manera, no crear miedos innecesarios. Crímenes habrá siempre, pero nuestro problema es cómo trata la sociedad al crimen y al criminal. La mano dura sirve para muy poco, está demostrado. A lo mejor hay que preguntarse por qué ocurren siempre los crímenes entre determinado tipo de gente. No creo que sea bueno sustituir el tiempo de la educación por el tiempo incriminatorio, con leyes cada vez más duras. Hay que ser muy prudente con el castigo de los menores. ¿No te parece?
- Creo que sí…Aprovecho para decirte que me van a suspender las matemáticas.
- Vaya, pero no me refería a eso. Los menores son la metáfora de nuestro futuro, y si abandonamos el sueño de la reinserción y la reeducación nos vamos a encontrar todos con un futuro muy menor.



