Hablamos de raperos
Los hijos nos educan, nos ayudan a conservar viva la curiosidad, y eso es tan importante como aprender a no engañarse con la bisutería de las novedades. Escucho con mi hija Elisa una disco del rapero ZPU. La sesión de preguntas, comentarios, chistes y emociones de hoy es el resultado de una negociación intelectual mantenida durantes muchas semanas.
Elisa lleva tiempo escuchando rap. Un amigo de la plaza le había contagiado el entusiasmo. Y se extrañaba de que yo mostrase poca admiración por un género de música que le da tanta importancia a la rima y a los alegatos de carácter social. No a la guerra, no a la pobreza, no a la sociedad establecida, no a los especuladores, no a los burócratas, sí a la rebeldía, sí a la dignidad, sí a la libertad.
- No comprendo como te parece tan mal –me ha dicho con frecuencia-, si esto es poesía.
- Para mí, la poesía –contestaba yo- es otra cosa. Es lentitud, meditación, matización, inteligencia. Uno puede pasarse todo un día detrás de un adjetivo o un verbo, porque cuesta trabajo hacerte dueño de tu propia mirada. El rap va muy deprisa, no tiene nada que ver con el tiempo de la meditación, y las rimas son bastante malas, muy vulgares. Habla mucho de la rebeldía, pero es más bien la inercia de una moda, la consecuencia de un mundo con demasiadas prisas.
- Pero los mensajes –insistía Elisa- son muy buenos.
- Ya, pero esos mensajes prefiero leerlos bien argumentados en un ensayo o en un artículo de periódico. Me pasa lo mismo que con los malos poetas socieles. Los contenidos simpáticos no justifican una mala obra de arte. Resultan ridículos los lemas evidente, que si el dinero es un veneno, que si la tierra se contamina, que si no existen los sueños… Parecen libros de autoayuda. El arte necesita la complejidad, no resiste las declaraciones ingenuas.
- Bueno, los viejos siempre se extrañan de las cosas nuevas. Pero la gente del futuro verá el rap como una música seria.
En eso, pensaba yo, quizás tenga razón Elisa. Pero el futuro ha dejado de ser un argumento de calidad. Es algo que hemos aprendido los habitantes del siglo XX. La consigna de la modernidad era el progreso en línea recta, cualquier tiempo futuro sería mejor, lo decisivo era producir. Ahora ya sabemos que los progresos pueden ser peligrosos, que la ciencia produce armas de destrucción masiva o que las industrias devoran la vida del planeta. Es posible que mañana la gente vea como algo normal vivir en un vertedero, sobrevivir significa acostumbrarse a todo. Pero la costumbre no justifica el mal olor. El futuro ha dejado de ser un avance.
No he querido desacreditarle a Elisa la idea de progreso, no es todavía un tema de conversación para su edad. Prefiero entenderme con la mía, con cada uno de mis años, y decirme que si el futuro no es ya un argumento infalible, el pasado tampoco debe serlo. Opinar exige un esfuerzo. Sí los poetas dedican horas a buscar una palabra, es porque quieren hacerse responsables de sus opiniones y sus sentimientos. Así que empecé a oír rap, fui con Elisa a la tienda de discos, buscamos, discutimos, comparamos….
- Oye, me gusta ZPU.
-¿De verdad?
- Sí, me parece inteligente, y tiene buenos versos, y crea una atmósfera emocionante.
- Eso me lo debes.
- ¡Elisa!, pero si te debo muchas cosas. Ya quisiera yo educarte tanto como tú me estás educando a mí.
- Pues ahora vamos a oír al…
- Espera, no nos pasemos, déjame que ponga ahora a Chavela Vargas.



