Por . Lunes, 11 de Enero de 2010.

La nieve y la política

Mi hija Elisa mira caer la nieve por la ventana. La verdad es que es todo un espectáculo, sobre todo en ciudades que no están acostumbradas a que el frío se paralice por unos segundos, el cielo se ponga blanco y empiecen a caer los copos con la lentitud de las cosas atadas.

El agua de la lluvia en la ventana, de los ríos que van a dar a la mar, de las fuentes que cantan con una monotonía disciplinada en una plaza o en un patio, suele representar el paso de los días, el tiempo fugitivo que arranca las hojas de los árboles y de los calendarios. Pero el frío ata por un momento ese agua, la detiene, la convierte en un copo blanco, lento, que quiere quedarse pegado en los árboles y en la tierra. Resulta difícil no mirar la nieve con ojos de niña, verla caer con una lentitud inocente y pacífica, olvidarnos por un momento de que esa blancura se convertirá en barro para los zapatos, y en hielo peligroso para las carreteras.

- Nieva mucho –me dice mi hija, que no se despega de la ventana, para comprobar cómo los copos hacen su cama, y extienden las sábanas blancas por los tejados y las aceras.

- Claro que nieva, y en casi toda España. Está nevando en Sevilla, y eso sí que es una noticia. Las ciudades tienen su carácter igual que las personas. Uno se queda impresionado cuando el amigo más tranquilo sufre un ataque de ira delante de un mostrador, o cuando la amiga más alegre, esa que no para nunca de hablar y de reír, se presenta silenciosa en la casa, arrastrando toda la tristeza que cabe en unos ojos.

- Tú tienes muchos cambios de carácter.

- Por eso no te impresiona que pase de un estado de ánimo a otro. Pero es más llamativo que un comportamiento uniforme, rutinario, se quiebre. Es lo que pasa con la nieve en Sevilla. Estamos acostumbrados a pensar en su primavera, en el calor de sus veranos, pero no en la nieve cayendo sobre la Giralda.

- En Granada, aunque tampoco nieva mucho, es más normal. Además está la Sierra al lado. Pero en Sevilla es muy raro.

- Y la nieve no ha sido lo único raro.

- ¿Qué te extraña más?

- El comportamiento de los políticos, sobre todo del PP.

- ¿Por qué?

- En anteriores nevadas no tardaron un minuto en culpar al gobierno. La crispación saltaba por cualquier cosa. Si la nieve cerraba una carretera o un aeropuerto, era culpa del gobierno. Si las carreteras quedaban cortadas, era también culpa del gobierno. El poco crédito de la política en nuestro país se debe, entre otras cosas, a que los políticos en sus guerras se han responsabilizado de que llueva, de que no llueva, de que nieve y de que se caigan las hojas en otoño…

- ¿Y?

- Pues eso, que cuando un amigo tiene un carácter muy crispado, nos extraña que se comporte sensatamente. El PP no ha culpado en esta ocasión a ningún ministro de los inconvenientes provocados por la nieve. Es muy extraño, y me parece que eso significa algo. Creo que el PP empieza a estar convencido de que puede ganar las elecciones, y más que desgastar al gobierno quiere presentarse por fin como un partido responsable, centrado.

- ¿Y en Andalucía puede perder el PSOE?

- Es raro, pero ya ves, ha nevado en Sevilla.




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