Villancico
Las ciudades en Navidad se parecen a la nieve, porque utilizan la belleza contra el frío. La nieve cae y es hermosa, y nos devuelve a la infancia, y nos invita a olvidar el frío. La Navidad cuelga luces en las calles que se sostienen por la noche como copos de colores. Las fiestas se van y se vienen, son el tiovivo de los almanaques. Giran sobre el tiempo para devolvernos algo de la infancia que hemos perdido en la prisa de los días laborables. Nos hacen menos fríos.
- ¿Por qué le has dado una limosna?
Hemos pasado la tarde en la plaza Bibarrambla, curioseando en los puestos navideños. Figuras de belén, libros, artesanía, telas, viejos juguetes de madera, objetos que pertenecen a la ilusión callejera de los regalos modestos. Hemos visto a la gente que borda los pañuelos o que labra la madera con sus manos. De regreso, en la puerta del parking, una mujer pide limosna con un niño en brazos. Elisa me ha oído muchas veces criticar la caridad de los ricos que reparten sus sobras entre los pobres. Sabe que prefiero otro tipo de compromiso. Por eso me pregunta por la limosna.
- Es que – respondo-, quiero sentirme Rey Mago.
- No le has regalado mucho oro.
- Sólo una moneda. Los Reyes Magos llevaron al niño oro, incienso y mirra. El oro simbolizaba el poder. El incienso simbolizaba la existencia espiritual, y la mirra encarna la existencia mortal. El niño se quedó con los tres regalos, porque su poder divino iba a ser tanto mortal como espiritual.
- ¿Y tú quieres ser un Rey?
- Bueno, en realidad tampoco los tres magos eran reyes en el principio de la tradición. Eso fue un añadido medieval. Los magos eran estrelleros, casi hechiceros, gente que vivía al margen del saber oficial. Fueron capaces de descubrir el nacimiento del Mesías antes que los sacerdotes del templo.
- ¿Y ese niño que pasa frío es el Mesías?
- ¿Qué significado cultural le das tú al pesebre? En un lugar muy pobre, ante la indiferencia de los ricos, con el calor humilde de una mula y un buey, viene al mundo la esperanza. Estoy seguro de que si a este mundo le queda una esperanza, la Virgen es hoy una mujer inmigrante que pide limosna a la puerta de un parking, o una mujer que necesita prostituirse en cualquier suburbio de Europa para sacar adelante a su familia.
- ¿Una prostituta?
- Si te parece desagradable, cambia la imagen por cualquier otra mujer que sufra, que padezca, que sea rechazada en las casas decentes, que esté excluida del bienestar de las familias bienpensantes.
- Tú vas a descubrir el misterio de su hijo.
- Desde luego no serán los sabios oficiales, los sacerdotes o los economistas que trabajan para el poder. Ningún presidente de esas instituciones económicas que gobiernan el mundo podrá descubrir el nacimiento, porque no tienen ojos para los pobres. Hay que aprender a mirar de otra manera.
- Y mientras llega el Mesías conviene ejercer la caridad.
- No, la caridad nunca cambiará nada. Es la limosna que dan los ricos para que todo siga igual. Me gusta mucho más la palabra compasión, el acto de padecer con el otro, de sentir el frío del otro como algo propio. Ese niño nace para morir en nombre de los demás, para ocupar en la cruz el lugar de los otros.
- Te veo muy religioso.
- Digamos que no me gusta confundir la Navidad con un cajero automático o una gran superficie. Digamos que me gusta recordar que la verdad no nace en los templos y tiene poco que ver con los sumos sacerdotes. Digamos que me dan miedo las familias bienpensantes. Digamos que aprovecho en culturas que no son la mías aquello que puede ayudar a mi conciencia. Observa a los demás y saca tus propios conclusiones sobre ti y sobre los demás.



