Real como la vida misma
A nadie ha podido coger por sorpresa el anuncio de la formalización del divorcio de los duques de Lugo, después de dos años de “cese temporal de la convivencia”, eufemismo que encubría lo que era un secreto a voces: la separación de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, un hecho que ha dejado de tener notoriedad en España desde que en 1981 el ministro de Justicia de UCD, Francisco Fernández Ordóñez, logró que el Congreso de los Diputados aprobase la correspondiente ley, suspendida en España en 1939 por el general Franco. Sectores católicos fundamentalistas y el grupo de Alianza Popular, al que se unieron algunos de la Unión de Centro Democrático, rechazaron la rehabilitación del divorcio, vigente en toda Europa y en general en los países con democracias consolidadas como Estados Unidos. Seguir leyendo »



