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Por José Antonio Gurriarán. Sábado, 13 de Marzo de 2010.

Milana, bonita

La pureza del lenguaje y la calidad literaria de Miguel Delibes fueron admiradas y reconocidas mucho antes de que el cine y el teatro adaptaran su obra. Rafael Alberti era un poeta universal antes de que Paco Ibañez y Juan Manuel Serrat musicaran sus versos. Torrente Ballester fue autor de novelas fundamentales en la Literatura española antes, también, de que lo descubriera el objetivo de la televisión.

 Los tres, sin embargo, alcanzaron las cotas mas impresionantes de popularidad y aproximación a todas las añadas de la población, a partir del momento en que Serrat cantó La Paloma, saltaron a la pequeña pantalla los personajes de Los gozos y la sombras y Paco Rabal, con su “milana bonita”, bordó el papel de Azarías en Los santos Inocentes.

 No sé porque el sereno tránsito de Delibes me recuerda a Alberti y a Torrente Ballester, a pesar de ser tan distintos los tres en su procedencia, carácter, actitud política y trayectoria vital. Castellano apegado a la naturaleza y al medio rural el uno, gaditano y con la mirada en el mar el otro, gallego inmerso en cielos y corredoiras brumosas el tercero

 Quizás, porque los tres tuvieron la intuición de una nueva época, en la que la globalización de la comunicación contribuyó a divulgar el arte y hacerla más comprensible y popular: Alberti conectaba fácilmente con las nuevas formas expresivas; Torrente, aunque le llegó tarde el éxito, se entusiasmo con la capacidad divulgativa de la televisión; Delibes nació con el olor de la tinta de “El Norte de Castilla” y nunca perdió de vista el periodismo, aunque lo aparcara porque la literatura reclamaba su atención.

 Quizás porque los tres vivieron y sufrieron jóvenes el horror de la guerra, criticaron maduros las desigualdades y abusos de la postguerra y contribuyeron, con su ironía y su crítica, a construir un país y un mundo más humano y mejor.

 En la hora de la despedida de Delibes me quedo con la identificación con su tierra castellana, su recolección del lenguaje que habla el pueblo llano, la traslación de personajes reales de las aldeas a la imaginación y el papel: Pedro, el de La sombra del ciprés es alargada, el “Mochuelo”, el “Tiñoso” y el “Moñino”, de El Camino, el “Nini” de Las Ratas, Azarías y “Paco, el bajo”, de Los Santos Inocentes, Cipriano Salcedo de su último libro El hereje, al que lleva a la hoguera La Inquisición-

 Y su redescubrimiento diario de la naturaleza, con una sensibilidad ecológica adelantada en décadas a la que está de moda y disfrutamos hoy. Una sensibilidad que sembró en su hijo, Miguel Delibes Castro, ex director de la Estación Biológica de Doñana, propulsor de la defensa del lince ibérico y de otras especies en vías de extinción.

 Asistí a la presentación de un libro del novelista Delibes, hace muchos años, en la que lo previsible era que literatura y periodismo fueran el centro de su atención. No habló de periodismo, ni de literatura, ni casi de su libro. Denunció el problema que la desaparición de la siega causaba a las codornices: las máquinas recolectoras y empacadoras habían eliminado las parvas, en donde se refugiaban y criaban las aves y estas corrían el riesgo de desaparecer. Nunca olvidé aquella lección: entre el arte y la vida el escritor había elegido sobrevivir.

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Por José Antonio Gurriarán. Jueves, 11 de Marzo de 2010.

11-M: De Atocha a Auschwitz

En el sexto aniversario de la gran matanza de Madrid, por un comando radical islamita de obediencia alqaedista, el pueblo y las instituciones homenajearon y recordaron a los 192 asesinados y más de 2000 heridos, aquél fatídico 11 de marzo del 2004. Desde el Congreso de los Diputados a las asociaciones de víctimas del terrorismo, desde el Palacio Real a la calle.

 Para que nunca lo olvidemos, para que no pueda volver a repetirse y para ratificar “el compromiso firme de que no retrocederemos ni un paso hasta acabar con la barbarie terrorista”, como recordaban la comisaria de Asuntos de Interior de la Unión Europea, Cecília Malström, y el ministro del Interior del Gobierno español, Pérez Rubalcaba, en un artículo conjunto publicado en un medio de comunicación.

 El del 11-M fue el atentado más destructivo del continente y, junto con el 11-S neoyorquino y el 7-J londinense, forma parte de las masacres terroristas más dañinas e indiscriminadas de la historia de la Humanidad: no iba dirigido contra nadie en concreto, pero apuntaba todos, hombres y mujeres, adultos y niños, nacionales y extranjeros y gentes de cualquier procedencia social, profesión, etnia o religión.

 Todavía hoy muchos de los alcanzados por las explosiones continúan con graves secuelas mentales y físicas, y no pueden quitarse de encima las escenas dantescas que presenciaron y sufrieron en aquellos trenes de la muerte. Por su dramatismo y consecuencias recuerdan a los ferrocarriles nazis que trasladaban a indefensos judíos, también de todas las edades y condiciones sociales, a Auschwitz, Bikernau y otros campos de exterminio.

 El sexto aniversario de la masacre de Atocha, Santa Eugenia y El Pozo está dando lugar a análisis diversos, sobre el cumplimiento de los objetivos que establecieron el gobierno y la Comisión Parlamentaria de Investigación del 11 de marzo. Los balances son, en general, positivos: se juzgó y condenó a los culpables, recibieron las indemnizaciones aprobadas los heridos y familiares de las víctimas, se reforzaron las medidas de seguridad frente a Al Qaeda y otros grupos amados y la U E se solidariza, con la creación del Día Europeo en Recuerdo de las Víctimas del Terrorismo.

 Y lo que también es importante: tras el dictamen de la Comisión Parlamentaria de Investigación y el fallo del Tribunal Supremo, dejando bien claro que la organización y realización del atentado era exclusiva responsabilidad de Al Qaeda, se atemperó, primero, y parece que cesó, después, la vergonzante campaña emprendida por Aznar y el ex ministro Acebes, y continuaba por Rajoy y su partido, que atribuía obsesivamente los atentados a ETA.

 El sexto aniversario deja lejos la pésima gestión de la crisis, del ex presidente, tras los atentados, que la comisión investigadora calificó de “manipulación” e “impropia de un Gobierno en democracia.” Este año todos juntos homenajearon a las víctimas, en el Congreso. Por vez primera asistió la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. Las aguas parece que volvieron a su cauce aunque, todavía, algún medio informativo se saca a ETA de la manga.




Por Francisco Giménez-Alemán. Miércoles, 10 de Marzo de 2010.

En el puerto de arrebatacapas

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Por Carlos Carnicero. Miércoles, 10 de Marzo de 2010.

Ashton, un lujo demasiado caro.

La sucesora de Javier Solana al frente de la política exterior europea, Catherine Ashton, ha acumulado demasiados errores en muy  poco tiempo. Tres meses después de su nombramiento, son muchos los que se replantean el acierto de haber elegido a una política británica más cerca del euroescepticismo que de la potenciación de las instituciones comunitarias. Por si las carencias de su liderazgo no fueran suficientes, se ha sumado a ellas un estado de depresión post-Lisboa entre las elites europeas, ante la incapacidad de la Unión Europea de influir en las decisiones de la agenda internacional, cada vez más dominada por Estados Unidos y la emergente China.

La decisión de elegir a la laborista Ashton fue la consecuencia de una compleja negociación entre los veintisiete estados que componen la Unión. Como en tantas otras negociaciones de este tipo, el resultado se produjo al cumplir la candidata una serie de requisitos mínimos: británica, laborista, y por lo tanto perteneciente a la amplia familia de la social-democracia, y mujer. Como proclamó el presidente Zapatero tras su nombramiento “era inaceptable una presencia en las altas esferas europeas de una abrumadora mayoría masculina”. Sin embargo, los líderes de los 27 Estados parecieron no tener en cuenta la falta de  experiencia en política exterior de su flamante candidata.

Ashton no acudió a Haití tras la catástrofe. Su homóloga Clinton sí lo hizo y acaparó toda la atención internacional, llevando en primera mano su mensaje de solidaridad con los haitianos. Cuando después fue preguntada por su decisión de no viajar, aseguró que ella no era médica ni bombera. Tampoco asistió hace unos días a la reunión de ministros de defensa que tuvo lugar en Palma de Mallorca, hecho insólito puesto que en las anteriores reuniones siempre participó Javier Solana. Tampoco ha viajado hasta la fecha a Afganistán, donde casi la mitad de los soldados allí desplegados son europeos, ni a Irak. Sin embargo, Ashton es famosa por ser una asidua del Eurostar, el tren de alta velocidad que comunica Bruselas con Londres en apenas dos horas. Probablemente no se acostumbra al clima continental de la capital de las instituciones europeas.

Los líderes europeos tienden a elegir a figuras poco brillantes para evitar que después les hagan sombra. El también recién nombrado Van Rompuy como presidente del Consejo Europeo parece confirmar esto. De seguir así la política de nombramientos de la Unión Europea, se corre el riesgo de mantenerse de forma constante en la irrelevancia. Copenhague fue un aviso, en donde China y Estados Unidos definieron la agenda; después Obama dijo que no vendría a la cumbre en donde se le esperaba en Europa. ¿Hasta cuando van a esperar los líderes europeos para dejar de lado su infantil vocación de protagonismo en un mundo demasiado grande para ellos? Esperemos que pronto.




Por José Antonio Gurriarán. Lunes, 8 de Marzo de 2010.

Paseíllo en la alfombra roja

 

Algo si que me decepcionó la Academia de Hollywood al no conceder el Oscar al cortometraje “La dama y la muerte”, mitad granadino y mitad malagueño. Iba avalado por el Goya, por el augurio de críticos y cinéfilos y por el valor del dúo Recio-Banderas de abordar, en el lenguaje de la animación, un tema tan difícil y polémico como el derecho a disponer de la propia vida.

 No me defraudó el fallo del jurado porque descartara, previamente, sorpresas: los Oscars las deparan, casi siempre, y sino que se lo pregunten a James Cameron, que recibió en la gala menos de lo que esperaba con su multi promocionado “Avatar.” O a Sandra Bullock, que, por el contrario, esperaba menos de lo que recibió, pues obtuvo el premio a la mejor actriz, un día después de recoger la “Frambuesa de oro” a la peor…

 Desde que “La dama de la muerte” ganó el Goya, en varias ocasiones, visioné los ocho minutos y veinte segundos que dura el corto –siete, si descontamos los rótulos-, y me parece una síntesis perfecta de imaginación, expresividad cinematográfica claridad en el mensaje y fino humor. Cuatro elementos claves para que un cortometraje salga bien.

 A ello contribuyen los dos personajes centrales: la anciana, de aspecto dulce y venerable, que recibe ilusionada a la muerte porque va a reunirse con su marido fallecido; el médico, empeñado en mantenerla con vida artificialmente, a base de electrochoques que desbloquean sus paradas cardíacas y la “resucitan.” Algo frecuente en hospitales de cualquier lugar.

 El personaje de la muerte es más cómico que trágico y al espectador termina por caerle bien: se irrita, cada vez que es burlado, y carga con su guadaña al hombro, a la espera de un nuevo intento. Complementa la pieza una música apropiada, casi de charlestón, de la que es autor Sergio de la Puente y en la que brillan el violín del armenio-libanés Ara Malikian y la guitarra de Tuti Fernández.

 La historia, bien ideada y dirigida por el joven Javier Recio, está producida y apadrinada por Antonio Banderas, que, desde que inició su colaboración en “Shrek”, se apasionó por la animación. Era la baza española a la 82 edición de los Oscars, una vez que la ya galardonada Penélope Cruz se reconocía sin posibilidades de ganar.

 No ha sido posible., “Logorama” se llevó la estatuilla. También es una magnífica historia, aunque no afronte un tema tan complejo y actual como “La dama y la muerte.”, que tiene el mérito añadido de ser tratado en clave de humor. Carmen Calvo decía hoy, en una radio, que deberíamos pensar un minuto diario en la muerte para vivir con intensidad las 24 horas restantes…

 No parece que Recio, ni Banderas, vayan a cansarse así como así. El malagueño es consciente de que el primer trabajo de animación, de su productora, no le ha podido salir mejor: un Goya y la nominación al Oscar no están nada mal. Quiere que “el monstruito siga creciendo”, para crear una industria cinematográfica en Andalucía y para que, para Recio y otros jóvenes cineastas, el corto sea el buen camino hacia la dirección.

 Bertolucci, Hitchcok, Rosellinni, Truffaut, Scorsese, Iciar Bollaín, Santiago Segura…Son numerosos los directores de cine que comenzaros, o culminaron sus carreras, haciendo cortometrajes. Los primeros, para abrirse camino; los segundos, porque los consideran tan difíciles que no entran en ellos hasta que dominan todos los resortes de la dirección.

 Javier Recio cumplió con su ilusión de hacer el paseíllo, por la alfombra roja, en compañía de Antonio Banderas y de su esposa Melanie Griffith. El sueño del Oscar lo aplaza para otra vez.




Por Luis García Montero. Lunes, 8 de Marzo de 2010.

La costumbre de mentir

A mi hija Elisa le sorprende el baile de cifras que sigue a las manifestaciones. Los convocantes no suelen andarse con mucha prudencia a la hora de cuantificar el paisaje de la participación, ese horizonte de cabezas y banderas que se alarga en las calles y rodea las fuentes de las plazas. Se trata de una costumbre lógica, porque a todo el mundo le gusta salir bien en las fotografías, pero llega a extremos ridículos en demasiadas ocasiones.

La derecha española, poca acostumbrada durante los años de la dictadura a manifestarse, descubrió con la democracia el derecho a la protesta, y le ha tomado tanto gusto a las concentraciones públicas que ofrece un ejemplo de generosidad y derroche cuando hace números. La televisión autonómica de Esperanza Aguirre supone un gran aliento para todos los que luchamos contra la despolitización y la pérdida de crédito de las causas públicas. Cada vez que la derecha social convoca una manifestación, los ciudadanos salen de forma masiva a la calle.

Las manifestaciones de este fin de semana contra la ley de interrupción voluntaria del embarazo han supuesto más bien un fracaso. La rotundidad de los gritos, llamando asesinos y comunistas totalitarios a todos los que apoyan la ley, se ha visto acompañada por un seguimiento poco apasionado. Las mediciones de las fotos aéreas de Madrid dan un cálculo bastante exacto de 9.726 manifestantes. Dispuestos a interpretar la realidad de acuerdo con sus deseos, los organizadores fijaron la asistencia en 600.000 personas.

- ¿Pero cómo se puede mentir tanto?, me pregunta Elisa.

- Todos mentimos, y tú la primera, para qué vamos a mentirnos. A veces no es muy importante, y mentimos para salir del paso, para esconder que no se han hecho los deberes, para llegar un poco más tarde a casa. Otras veces mentimos incluso por educación, para hacer posible la convivencia…

- Eso, siempre que me pillas en una mentira es porque quiero convivir.

- No siempre, no seas fullera. Pero te agradezco, por ejemplo, que no me recuerdes constantemente lo viejo que estoy, o lo gordo que me voy poniendo, o que todo lo que digo es una tontería. El problema no es echar de vez en cuando una mentirijilla o buscar una excusa para no quedar mal con alguien. El problema es instalarse en la mentira, caer en la negación de la realidad como forma de vida.

- Si van 9.000 personas a una manifestación, no se puede decir que han ido 600.000.

- Fíjate que eso puede ser incluso una mentirijilla sin importancia. Instalarse en la mentira es una cosa más grave. La gente que no quiere que se legisle la interrupción del embarazo opina casi siempre negando la realidad, como si el aborto no fuese un problema real con ley o sin ley. Instalarse en la mentira es, por ejemplo, hacer que tu hija aborte en secreto si se queda embarazada, y luego poner el grito en el cielo porque exista una ley para regular el aborto. La hipocresía ha sido una característica muy común en las sociedades conservadoras.

- Sí, una cosa es mentir un poco, y otra ser una cínica. Ya entiendo, no es lo mismo no hacer los deberes un día y no contarlo, que dejar de ir al colegio por costumbre.

- Cuando las versiones oficiales se alejan de la realidad nos instalamos en la mentira. No es que mintamos, es que nosotros mismos empezamos a ser una mentira, nos quedamos huecos por dentro. Los políticos deben gobernar sobre la España real, no sobre la España oficial que cada uno quiera tener en su cabeza. Cuando fue elegida ministra Bibiana Aído, la prensa conservadora empezó a hacer chistes sobre ella, a reírse en tono machista. Quiso crear una versión oficial ridícula de su Ministerio. En vez de entrar en el juego, ella ha preparado una buena ley para responder a las necesidades de la España real. Eso significa trabajar a largo plazo y dejarse de simulacros.

- Pero dice el PP que cuando gobiernen van ha quitar la ley.

- Ya verás como no la quita. La derecha dijo lo mismo sobre el divorcio. Aunque les gustaría vivir la mentira de la anulación matrimonial de la Iglesia, hoy la sociedad real no soportaría semejante disparate. El divorcio es una realidad hasta para la derecha, y ya sabes por quien lo digo…




Por José Antonio Gurriarán. Domingo, 7 de Marzo de 2010.

Polémica en el redondel

La polémica entre antitaurinos y taurinos vuelve al redondel de la tertulia nacional, y tiene el doble efecto de fortalecer la pasión de los que nos deleitamos con el arte de Cúchares, y el de unir a un sector crítico, desperdigado y heterogéneo, que va desde los que entienden que no debe causarse dolor a los animales, a nacionalistas o independentistas que buscan resaltar elementos diferenciales entre sus territorios y el resto de España.

 No es malo que los que detestan las corridas saquen a la palestra pública sus porqués y razonamientos, ni que hagan lo mismo los que disfrutan con ellas. Es tan enriquecedor como democrático, siempre que el antitaurino no prohíba al aficionado su asistencia al espectáculo, ni obliguen a entrar en las plazas a los que no lo soportan.

 El debate no debería asustar al pro, al anti, ni al que la fiesta taurina le deja indiferente. Tampoco, al que entra en él más por razones políticas, o de oportunismo político, que porque le interese el pasado, el presente o el futuro de la fiesta nacional, que también los hay y las hay.

 Sin embargo, en los últimos días, la controversia se situó en el epicentro de las mil polémicas nacionales, casi al nivel de la crisis económica, del Caso Gürtel, del descuartizamiento de Garzón o de los habituales rifirrafes con el presidente venezolano.

 Desde que existe el arte del toreo, en España, en Portugal, en Francia o en los países hispanos de América, siempre estuvo acompañado por la discusión entre taurinos y antitaurinos, y por el deseo de los primeros de divulgar el enfrentamiento del hombre con la bestia, y de prohibirlo los segundos.

 Carlos I gustaba tanto del espectáculo que alanceó un toro en Valladolid. El rey don Sebastián hizo lo propio en Portugal, mucho antes de que se prohibiera en este país la suerte de la espada. La iglesia amenazó con la excomunión a los príncipes que permitieran las corridas: les hizo desistir la pasión taurina de algunos monarcas y el acuerdo de que el dinero recaudado se dedicara a obras benéficas.

 En el siglo XVIII se produjeron, en España, polémicas entre taurinos y antitaurinos mucho más agrias que las actuales. Tuvieron su origen en la importada dinastía borbónica, que, conforme con teorías de una aristocracia afrancesada, consideraba los toros un espectáculo populachero y chabacano, impropio de gentes cultas y civilizadas.

 Su éxito fue escaso y parece que obró efectos contrarios a los buscados, a pesar de que Felipe V, Fernando VI y Carlos III prohibieron o limitaron las corridas. Tuvieron que restaurarlas, porque las quería el pueblo y las querían los intelectuales, incluidos los ilustrados afrancesados, desde Moratín a Goya, con la excepción de Jovellanos.

 El precedente histórico indica que, tras la polémica real y artificial, que de las dos hay, las cosas continuarán más o menos como están: los que gusten de los toros irán a los toros y los que no disfrutarán de otros espectáculos. Hay sitio y aficiones para todos y, al final, no pasa nada.

 Postdata: ley hoy que doce millones de chinos siguen las corridas españolas, que la afición aumenta en Japón y en Francia y que, si la crisis del ladrillo lo permite, se construirán nuevas plazas en España. Que no se asusten los taurinos: hay fiesta nacional para rato.




Por José Antonio Gurriarán. Miércoles, 3 de Marzo de 2010.

El inmigrante no es culpable

Quiero imaginar que la oleada de xenofobia que Berlusconi alimenta, en Italia, en base a gracias a destiempo, declaraciones insultantes para los inmigrantes y leyes injustas que dividen al país entre buenos y malos o, lo que es igual, entre los de dentro y los de fuera, no logrará recalar en España, a pesar de las tentaciones que plantea la “oportunidad” de la crisis económica a nuestros ultra nacionales.

 Sería lamentable que el ejemplo de una nación, como la suya, que, durante siglos, extendió su poder, imaginación y cultura por Europa y por el norte de África, y declaró a “los otros” ciudadanos romanos y les transmitió sus leyes, sea más débil que el pulso de un político despreciativo con las normas legales actuales, que esquiva a tribunales y jueces con tretas incalificables.

 No es fácil aclarar la contradicción de un empresario polifacético, que extiende sus redes económicas y mediáticas más allá de su país, disfrutando de todos los derechos que le conceden las ondas y la Europa sin fronteras y, en su propia casa, demoniza al emigrante al que responsabiliza de una situación que nada tiene que ver con los trabajadores, sino con la gula de grandes banqueros y empresarios.

 Sería inconsecuente que el gobierno actual de la nación italiana –que no la nación italiana-, se erigiera en modelo del castillo europeo, cerrado y agresivo con los que llegaron de fuera y, con su trabajo, enriquecieron a nuestros países, económica y humanamente. Entre otras razones porque, durante siglos, Italia fue la nación emigrante por antonomasia, que regó el mundo con su esfuerzo y trabajos, desde Nueva York a la Patagonia.

 Por los mismos argumentos, tampoco se entendería en España la existencia de esa animadversión al inmigrante, que parece detectar el informe Racismo y Xenofobia 2009, realizado por el Ministerio de Trabajo, y basado en una encuesta del CIS, según el cual el 77 por ciento de la población estima que hay en el país demasiados inmigrantes y el 58 entiende, erróneamente, que perciben más ayudas educativas y sanitarias que los “nacionales.”

 Que se sepa no existe, en España, un Berlusconi declarado dispuesto a cazar y expulsar inmigrantes, con argumentos tan mezquinos como el de responsabilizarlos de la crisis económica, sin admitir su fundamental contribución a levantar el país, en los último veinte años.

Pero sí políticos más que conservadores a los que, de vez en cuando, se le escapan los pensamientos, con proyectos de leyes limitativas de los derechos de nuestros inmigrantes o con ocurrencias como la frase del “no cabemos todos.” El racismo, como las brujas, aunque afortunadamente no abunde, “haber haylo.”




Por Carlos Carnicero. Miércoles, 3 de Marzo de 2010.

¿Esto lo arreglamos entre todos?

Resulta interesante la campaña lanzada por la sociedad civil y financiada por algunas empresas y cámaras de comercio en donde se afirma que solo el esfuerzo de todos los ciudadanos españoles permitirá una salida de la crisis. La historia ha demostrado que las grandes crisis -y en su manifestación más dramática, las guerras- sólo han sido ganadas si todos los ciudadanos han practicado el deporte solidario por antonomasia que consiste en eso que llamamos arrimar el hombro.

Pues bien, ¿cómo lograr que todos participemos en la solución? En un plano teórico una posible fórmula podría consistir en hacer cargar a cada ciudadano con un parte proporcional de la deuda que atenaza nuestra economía. Parece una fórmula lógica en la medida que la crisis ha demostrado que en España durante los últimos años hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Pero he aquí el principal problema: ¿cuál debe ser la parte de la deuda con la que ha de cargar cada ciudadano?

Lo más razonable sería que cada uno aportase en la medida de sus posibilidades. No parece justo solicitar a cada parte, pongamos, 5.000 euros, si unos ganan 15.000 y otros más de 100.000 euros. Es decir, lo justo sería establecer unos varemos que, con la filosofía progresiva que teóricamente anida en nuestro sistema tributario, facilitase a cada uno aportar en la medida de sus posibilidades.

El principal riesgo en la salida de esta crisis es que se confirme la regla de que siempre pagan los mismos. Ante la necesidad de reducir el gasto y reformar el mercado laboral, los gobiernos no deben caer en la tentación de reducir el gasto social – afectando a los más débiles – y realizar una reforma laboral que flexibilice la contratación, pero que pierda de vista la necesidad de corregir los efectos injustos que por naturaleza produce la desigual relación entre trabajador y empresario.

El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero debe tratar de llegar a grandes acuerdos que faciliten la cohesión social ante la situación difícil que atraviesa el país. Debe sobre todo intentar ponerse de acuerdo con el PP, principal partido de la oposición. Lo cual no parece precisamente fácil. Pero dichos pactos no deben producirse a cambio de que unos hagan esfuerzos y otros miren para otro lado. Ante las dificultades que se avecinan, todos debemos cooperar y definir un nuevo sistema en donde los excesos del pasado que nos llevaron a la crisis sean sustituidos por una cultura de esfuerzo en donde cada uno aporta lo que puede. Así se hace un país. Entre todos.




Por Luis García Montero. Lunes, 1 de Marzo de 2010.

El sentido de la fiesta

Ayer fue un domingo doble. El día de Andalucía cayó en domingo y el calendario se vistió de fiesta dos veces. Tenemos que disfrutar de todo por partida doble, me sugirió mi hija Elisa con una complicidad divertida. A veces jugamos a hacer del tiempo una materia propia y disparatada. Yo le propongo vivir un viernes con ojos de lunes o programar un fin de semana de invierno como si estuviésemos en verano. La literatura enseña a quejarse del frío cuando aprieta el calor o a ver lleno de soles el mapa del tiempo cuando tenemos el corazón empapado de una lluvia disparatada y terca.

Por eso Elisa me propuso vivir un día de doble fiesta: dos besos, dos paseos, dos visitas a casa de los abuelos, dos películas. A mí me pareció bien jugar. Empeñarse en negar la realidad es casi siempre una tarea de lunáticos, una soberbia de gente ensimismada que vive dentro de un dogma y niega la presencia de los demás. Pero el juego sirve para avisarnos de que la realidad no está escrita por encima de nosotros, no es una verdad natural, sino una decisión, un acuerdo del que somos responsables. Es bueno saber que las cosas son así, pero también es necesario recordar que las cosas pueden ser de otra manera. Podríamos descansar los lunes y trabajar los domingos o viajar en busca de la lluvia y los paisajes melancólicos en vez de perseguir las playas sobrecargadas de agosto.

- Para mí –le dije- el día 28 de febrero tiene un significado especial…

- Te veo muy andaluz últimamente -me contestó con ironía-. Te metes con los nacionalismos, pero después estás siempre hablando de Andalucía.

- No tiene nada que ver. Se puede querer a una tierra, sin convertirla en el sentido único de la argumentación política. Mira, a mí me gusta el 28 de febrero porque lo he visto crecer, crecer como tú. Cuando yo era niño no existía. Para mí no es una verdad natural, la verdad de la tierra puesta por encima de nosotros, sino una decisión, tan artificial como cualquier otra. Por eso soy poco partidario de las verdades naturales de los pueblos, y me gusta más hablar de la gente y de su capacidad de construir un Estado.

- Ay, ya me acuerdo, creo que lo hemos hablado alguna vez.

- Durante el franquismo no había comunidades autónomas. Al inicio de la democracia se quiso reconocer la existencia de realidades nacionales diferentes dentro del Estado, reconocer la importancia de los hechos y las tradiciones históricas. Andalucía salió a la calle, pidió la plenitud autonómica. ¿Te he contado alguna vez que en Granada hubo una manifestación de cien mil personas?

- Pero es mentira.

- Pues yo lo vi, estuve allí, fue un 4 de diciembre. Además, con las cifras también se juega. Después se hizo un referéndum el 28 de febrero de 1980. Y se quedó ese día como fiesta. El tiempo carga de sentido a las cosas, provoca los recuerdos y las melancolías que le hacen falta a la realidad para que se sienta importante. Y uno de mis mejores recuerdos es ver cómo se pone en marcha una fiesta, cómo depende de la decisión de los políticos y los ciudadanos, y no de un mandato divino o de una ley natural. La realidad será lo que nosotros queramos que sea. Y fíjate que la libertad es casi siempre una invitación a una soledad terrible. Comprender que nada está escrito, que nada es un dogma, nos deja sin verdades estables, a solas con nuestra propia conciencia. Pero tomarse la libertad de fijar el día de una fiesta, nos llena la soledad de gente y de bandas de música, y no para ir a la guerra, sino para divertirse en común.

- Pues nada, fiesta doble, me voy a tomar dos postres.

Y eso hicimos Elisa y yo. Dos paseos, dos visitas a los abuelos, dos postres, dos película, en un sólo día verdadero.




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