Las fosas del pasado
En el periódico se publica hoy un reportaje sobre la fosa en la que puede estar enterrado Federico García Lorca. La fotografía, que capta la imagen dura de los cadáveres de otros ejecutados en el cementerio de Málaga, impresiona a mi hija Elisa. Hablamos de la barbarie de las guerras, y yo le explico que la crueldad de Franco fue mucho más allá de la guerra. Ya vencedor, después de imponer su golpe de Estado con la ayuda de Hitler y Mussolini, siguió matando de manera despiadada hasta poco antes de morirse. Pocas veces se ha vivido en la historia del mundo un régimen tan cruel.
En la ciudad de Granada casi no existió la guerra. El golpe militar triunfó en dos días. Y, sin embargo, hubo más de 5.000 ejecutados. Profesores, periodistas, políticos, obreros, fueron asesinados en las tapias del cementerio o en el barranco de Víznar. Mataron al alcalde, al rector de la universidad, al director del periódico más importante, al gobernador militar y al poeta Federico García Lorca. Fue la primera vez que la muerte se hizo dueña de la ciudad de un modo tan bárbaro, tan inhumano.
- Por eso –le comento a mi hija- es importante conocer el pasado. El pasado nunca pasa de verdad. Siempre va con nosotros, y conviene tener una relación verdadera con él. Nosotros elegimos el pasado, lo mismo que elegimos nuestro futuro. La memoria es una parte más del presente, y el presente es el campo de nuestra responsabilidad.
- ¿Van a desenterrar a Federico García Lorca?, pregunta Elisa.
Ella sabe que es un asunto que me conmueve de forma íntima. Desde que tengo uso de razón y corazón, he visitado los barrancos que hay entre Víznar y Alfacar como quien acude a un territorio sagrado. Cuando su madre viajó conmigo por primera vez a Granada, la llevé hasta la fosa grande, en una de las curvas cercanas a Víznar, para enseñarle el lugar donde estaban vivos mis muertos, mis antepasados. Le aclaré que no era la fosa donde Penón y Gibson afirmaban que Lorca había sido enterrado. Pero daba igual, era la fosa más poblada, y Lorca representaba a todas las víctimas de la Guerra Civil.
- Sí, van a desenterrar a García Lorca. Las familias de otras víctimas han pedido la localización de los restos de sus antepasados, y la Junta de Andalucía ya está trabajando en el terreno.
- ¿Qué te pasa? Tú eres muy partidario de la Ley de Memoria Histórica –me dice Elisa, que no comprende la timidez y la tristeza de mis palabras.
- Muy partidario, y reconozco el derecho de todas las víctimas a recuperar los cadáveres de sus antepasados. Pero a veces las cosas se complican, y no me gustaría que, en este caso, la Ley de Memoria Histórica sirviese exactamente para lo contrario de lo que fue ideada.
- No te entiendo.
- Ya. Por lo visto, le ocurre o mismo a mucha gente. Mira, García Lorca es un símbolo, defiende a todos los muertos anónimos. El Parque conmemorativo que se hizo entre Víznar y Alfacar tiene sentido porque García Lorca está enterrado allí. Tú no sabes que la ley obliga a enterrar cualquier resto humano, no reclamado por sus familiares, en el cementerio que esté más cerca del lugar de su aparición. ¿Qué van a hacer con los restos de García Lorca? ¿Llevarlos al cementerio de Alfacar? ¿O se los tendrá que llevar la familia a Madrid o a Nueva York, a los cementerios donde están su madre y su padre?
- ¿Tú que harías?
- El parque entre Víznar y Alfacar es un monumento a la memoria histórica porque allí está García Lorca. Las autoridades no lo cuidan mucho, lo arreglan una vez al año, en agosto, cuando se celebra el acto de homenaje al poeta. Lo primero que yo haría es pedirle a las autoridades que cuiden y adecenten ese parque. Después me aseguraría de que los restos del poeta podrán seguir allí de una forma digna. Este país es temible, y me preocupa que cuando se lleven los resto de García Lorca desaparezca un lugar dedicado a la memoria histórica, y algún alcalde del futuro decida recalificar los terrenos para hacer una urbanización de lujo.
-¿Tú crees?
- Yo quiero seguridades. Primero, de que se van a tratar los resto de una forma digna, sin que sean devorados por los colmillos de la telebasura. No se puede poner la calavera de García Lorca en las subastas del mercado negro. Y, después, seguridad de que aquel territorio seguirá siendo un lugar destinado a las víctimas de la guerra. De lo contrario, en manos de unos necios, la Ley de Memoria Histórica servirá para enterrarnos a todos por segunda vez en el olvido.



