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Por José Antonio Gurriarán. Sábado, 3 de Octubre de 2009.

CUANDO LA DERROTA SABE A MIEL

Pese a las esperanzas de última hora y a la contundencia inapelable del resultado -Río de Janeiro, 66; Madrid, 32-, la derrota en la gran final de Copenhague me dejó un extraño sabor a miel, que tiene que ver con la consciencia de que nuestra delegación ha hecho muy bien, todo lo que podía hacer, y que Brasil tiene méritos y capacidad más que suficientes como para organizar unos Juegos Olímpicos brillantes y diferentes.

Tengo la intuición de que millones de españoles comparten este criterio, aunque hayan sufrido, como yo, la decepción y el desencanto posteriores a la ilusión que se nos despertó, cuando las dos primeras votaciones dejaron en la cuneta nada menos que a las poderosas ciudades de Chicago y Tokio.

De poco valieron el potencial económico de Chicago, el llamado “efecto Obama” y la magnífica exposición que hizo su esposa Michelle, en la que no faltó la alusión a su vivencia personal. De poco, la capacidad organizativa de Japón, y la calidad arquitectónica de los espacios que Tokio había acondicionó para el complejo olímpico.

Ambas megápolis y países tenían en su contra el escaso calor prestado por gran parte de sus habitantes, temerosos de que la inversión en el acontecimiento les obligara a pagar más impuestos. Estoy seguro de que esa frialdad ciudadana, también reflejada en la presentación de sus candidaturas, contribuyó, de forma importante, a su eliminación en el primero y segundo pase..

Estábamos en la “finalísima” y las posibilidades de la capital brasileña y la española eran teóricamente iguales. La presentación de la candidatura de Madrid fue la más variada y convincente de las cuatro, además de perfecta de ritmo, rica en imágenes e inteligente en los mensajes subliminales al casi centenar de votantes del COI. Y la más unitaria en apoyos políticos e institucionales, representados por los reyes de España, el presidente del Gobierno, el alcalde de Madrid y la presidenta de la Comunidad..

Río de Janeiro tenía a su favor la potencia de una nación “emergente” que cae bien a todo el mundo y tiene casi 200 millones de habitantes. Además, su afición al deporte y la realidad de que nunca los Juegos Olímpicos se celebraron en Brasil, ni en ningún otro país de América del Sur. Lula da Silva cumplió bien su cometido como expositor e introdujo un factor importante en días de crisis: el aporte de la Olimpiada a la lucha contra el desempleo.

Tengo para mí que la balanza, a favor de Brasil, la inclinó la “deuda histórica” del COI con lo países subdesarrollados o en vías de desarrollo, lo que Lula calificó de “Olimpiadas solo para ricos”, hace una semana. Madrid, que jamás acogió unos Juegos, ha tenido la mala suerte de que el cambio de viraje y el pago de la deuda coincidieron con su segunda presentación consecutiva como candidata.

Por eso la derrota me sabe a miel: Brasil y América del Sur merecían su oportunidad. Por eso me siento decepcionado: Madrid, apoyada por toda España, ha trabajado mucho y hubiera organizado unos Juegos Olímpicos excepcionales. Habrá que esperar otros cuatro años y esta ciudad, o Sevilla, tendrán la oportunidad que buscaron.

las imágenes para la historia son los cachetes de Lula al rey y a Zapatero, la reconciliación del alcalde de Madrid con la presidenta de la Comunidad y el abrazo caluroso de Zapatero y Ruiz Gallardón. ¿Hubiera hecho igual Rajoy? Me temo que no: solo ve ignorancia y defectos en sus rivales.



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