Por . Domingo, 13 de Septiembre de 2009.

Las encricijadas de la educación

Mi hija Elisa está navegando por un juego en su ordenador. Me siento a su lado y le pido que me permita entrar un momento en Google. Al principio no protesta, porque piensa que se trata de una curiosidad profesional mía. Pero huele la encerrona en cuanto me ve escribir “Ley de Educación de Andalucía”.

- ¡Qué pesado estás con la educación en este principio de curso! –me dice. Pero yo pongo cara de póquer, espero a que aparezca la ley, con sus títulos, sus capítulos, sus secciones, todo bien organizado hasta el detalle, busco lo que me interesa, lo marco y le ruego que lo lea en voz alta-. Bueno, se garantiza el acceso de todos los andaluces a una educación permanente y de calidad que les permita su realización personal y social…- Interesante, y ahora aquí, más abajo.

- … la materialización de lo que hace un siglo era considerado como una utopía: la generalización de la enseñanza obligatoria a los dieciséis años, lo que ha permitido la escolarización de toda la población andaluza durante, al menos, diez cursos…

- Eso es verdad, hemos avanzado mucho en este sentido, pero las leyes sobre educación siempre son más optimistas que los profesores.

- ¿Qué me quieres decir? –me pregunta Elisa, que aprovecha la oportunidad para ir cerrando la conversación, temerosa de que la obligue a leer todos los capítulos de la ley.

- Quiero decir que no faltan las sombras. Esta semana pasada en las fiestas de Pozuelo, en Madrid, los jóvenes que salían a divertirse convirtieron la noche en una batalla campal contra la policía. En Andalucía pasan también estas cosas. La gente se extraña de unas reacciones que no son lucha política, sino soberbia y falta de educación. ¿Sabes lo que pasa? Que hemos conseguido la generalización de la enseñanza precisamente cuando los niños y los adolescentes ya no se educan en los colegios y los institutos.

- ¿Dónde se educan?

- Piensa en ti, y dime. Tú te pasas la vida viendo la televisión, te comportas con tus amigas a la hora de enfadarte como si fueses la protagonista de una serie, a veces preguntas cosas que son propias de un programa de chismes y cada vez te sorprende menos la sangre de una matanza en una película… La escuela no tiene fuerzas para combatir contra el mundo que se ha apoderado de nuestras pantallas.

- ¿Entonces, te parece que no sirve para nada?

- Todo lo contrario. Pero conviene recordar cuando se habla del mal comportamiento de los jóvenes, que no pueden echarse todas las culpas a la escuela. Por otra parte, hay que tener cuidado con las pretendidas modernizaciones. Aunque son muy necesarias, a veces se confunden las cosas. Regalarle a los alumnos un ordenador no moderniza mucho la escuela, porque la tecnología no basta. Lo verdaderamente importante no es llenar el mundo de aparatos tecnológicos, sino aprender a utilizar la ciencia, crecer por dentro al tiempo que se desarrollan las invenciones. No podemos someter la enseñanza a la modernización del mercado, cuando el mercado lo único que ofrece es indignidades, violencia, soberbia, consumo…

- Como eres poeta –afirma mi hija, con ojos de haberlo comprendido todo-, a ti te molesta que no se le de más importancia a las humanidades.

- Puede ser. Pero lo que me molesta ahora es que unos niñatos no sepan beber y se carguen unas fiestas. España siempre ha sido un país de buen vino y de verbenas populares. Otro día si quieres hablamos de mí.

- ¿De ti?

- Quiero decir de los padres, de Google, de la televisión.




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