Delfines y sirenas
José Luis, Kevin e Íñigo dieron sus vidas por salvar las de otros. Su profesionalidad, su valor y entrega han servido para que gente anónima pudiera seguir respirando el aire de la vida. Y lo hicieron amando su profesión, volcándose en el compañerismo y disfrutando con el día a día en el servicio aéreo de Salvamento Marítimo.
El accidente que el pasado 21 de enero hizo que el helicóptero en el que desempeñaban su pasión acabara en el fondo del lecho marino de la costa almeriense conmocionó a todos aquellos que les conocíamos. Pero también nos llena de orgullo el saber que su dedicación y solidaridad en una peligrosa profesión sirvió para salvar a muchas personas. Inmigrantes, bañistas, patrones de barco, pescadores y familias enteras seguirán agradeciendo de por vida el gesto más humano que un ser pueda dar, salvar la vida de otro.
La sociedad entera debe saber que gracias a la vocación solidaria de personas como ellos, el mar es menos inseguro que antes. Los antiguos navegantes contaban historias de sirenas y de delfines que salvaban las vidas de algunos náufragos, historias cargadas de mitos y rumores que sirvieron para llenar las páginas de muchos libros y hacer correr la imaginación de grandes y pequeños.
Hoy esas sirenas y esos delfines tienen nombre y apellidos, están entre nosotros y no les gusta que les llamen héroes, simplemente porque su bondad y modestia se lo impide. Cuando alguno de ellos deja de vivir, quienes hoy lloramos su ausencia sabemos que tan triste pérdida sirve de aliento para que otros sigan dedicando más pasión, si cabe, en el ejercicio de su profesión. Alberto, único superviviente del accidente, y no por ello menos afectado por la ausencia de sus compañeros, será sin duda, la llama que dé calor a otros para que sigan haciendo lo que sus compañeros mejor sabían hacer, entregarse a los demás.
El estado quiere reconocer a estos héroes entregándoles la Medalla de Oro de Protección Civil, en distintivo rojo, como “el reconocimiento imprescindible de toda la sociedad a su labor como servidores públicos que se juegan la vida para salvar las de los demás”, un reconocimiento público y notorio que la sociedad les otorga.
Mientras, cuenta Alberto, que cuando esperaba flotando malherido y en el silencio de la noche, un grupo de delfines giraba entorno a él y al lugar donde sus compañeros yacían en paz. Era, sin duda alguna, el homenaje que el mar Mediterráneo ofrecía a estos cuatro héroes.
Pablo Barriga Le Bel
